6 de julio: Santa Rosalina (monja cartuja)

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Hoy celebramos a la santa cartuja Rosellina de Villeneuve pues el 6 de julio de 1894 tuvo lugar el último traslado de sus reliquias. Si son pocos los santos que la Orden Cartujana proclama, en proporción son menos las monjas que llegan a la canonización. Hija de Giraud de Villeneuve, señor de Arcs, Rosalina nace en 1262 en el castillo de Arcs-sur-Argens, en la Provenza, Francia. Ya desde su infancia, Rosalina sobresale por su caridad y su gran amor hacia los pobres.

Cuentan las crónicas que las provisiones de pan en su casa paterna desaparecían rápidamente, pasando por las manos de Rosalina a las de los pobres; por lo que la servidumbre bajo cuya custodia estaban aquellos alimentos, denunció al padre lo que parecía una prodigalidad. Éste, gozoso de descubrir tan hermosa virtud en su hija, quiso ponerla a prueba. Un día en que los pobres se agrupaban a las puertas del castillo acuciados por el hambre, Rosalina llenó su falda de pan y corrió presurosa hacia ellos. Su padre, cortándole el paso con aparente severidad, le preguntó sobre lo que llevaba en la falda. «Oh, padre mío», respondió ella, «son rosas que acabo de cortar». Y extendiendo la falda mostró dichas rosas a la vista atónita del padre, el cual, guardando estas cosas en su corazón, ordenó a la servidumbre: «en adelante dejadla hacer». Es por este prodigio que en las imágenes de la santa se la representa con rosas.

Altar de la Capilla Santa Rosalina en la iglesia de su ciudad, Arcs en Provence,
con su imagen en primer plano.

Durante la adolescencia, peregrina junto con su hermano a la Abadía de l’Ile de Lérins. El encuentro con el Padre Abad será determinante para su vocación religiosa. En efecto, unos años más tarde renuncia al mundo para consagrarse a Dios como religiosa en la Orden de la Cartuja.

Rosalina comienza su vida monástica en la cartuja de Saint-André-de-Ramières, diócesis de Gap (Vaucluse), casa a la que se había trasladado a principios del S. XIII la primera comunidad de monjas cartujas, la de Prébayon; posteriormente terminará su noviciado en la cartuja de Bertaud, en la misma región.

Convento Celle-Roubaud 1260-1420

Cinco años después de su Profesión religiosa, hacia 1285, como respuesta a los ruegos de su anciana tía Jeanne de Villeneuve, primera priora de la cartuja de Celle-Roubaud, cerca de Arcs-sur-Argens, se desplaza hasta allí; es en esa casa donde discurrirá definitivamente su existencia de monja contemplativa.

Imagen de la santa revestida con estola y manípulo por su diaconado.

Su vida transcurre santamente, plena, muy incardinada en su tiempo. Hacia 1300 sucederá a su tía en el gobierno del monasterio, permaneciendo en el cargo de priora hasta 1325. Su personalidad irradiaba tanto dentro como fuera del monasterio, influyendo notablemente en los señores laicos y dignatarios eclesiásticos, y a través de ellos, en los acontecimientos locales de su época. Atrae las bendiciones de Dios hacia su monasterio y hacia su propia persona, y se le atribuyen algunos milagros, entre ellos la curación de ciegos, cosechas abundantes, y la liberación de su propio hermano, el caballero Hélion, hecho prisionero durante las Cruzadas.

Murió el 17 de enero de 1329, casi a la edad de 67 años. Exhumada cinco años más tarde se la encontró intacta, con unos ojos tan vivos y brillantes como cuando estaba viva. Su cadáver se conserva hasta hoy incorrupto, y en la actualidad es venerado en un relicario en la iglesia de su ciudad, Arcs en Provence, junto con el relicario que contiene sus ojos. Su pleura, también incorrupta, se conserva en el monasterio de la Gran Cartuja.

Cuerpo incorrupto de la santa expuesto para su veneración

En la diócesis de Toulon-Fréjus el culto popular hacia ella se ha mantenido ininterrumpidamente y sigue aún hoy en vigor. Es la primera santa cartuja canonizada, modelo de perfección de virtudes cartujanas, de humildad, pureza, espíritu de oración y caridad.

Relicario con sus ojos

Oración:
Señor Dios, por tu amor, Santa Rosalina
desdeñó los halagos que lisonjeramente le
ofrecía el mundo para pertenecerte sólo
a ti; concédenos, como ella, despreciar
los bienes del mundo, para participar con
alegría de las riquezas celestiales.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Fuentes:

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