Las puertas del silencio (I)

Durante las próximas cuatro semanas analizaremos brevemente la obra Las puertas del silencio. Obra anónima escrita por un monje cartujo y publicada en Ginebra (Suiza) en el año 1970. La traducción al castellano la hizo otro monje anónimo de la cartuja valenciana de Porta Coeli en 2002.

El autor cartujo, fiel a la tradición de la Orden, no pretende dirigir de manera espiritual a nadie extramuros de su cartuja, su intención principal es ayudar a los novicios en sus primeros pasos como monjes cartujos; pero bien es cierto que los laicos podemos aprender una gran enseñanza de este breve y sencillo texto.

La introducción, dirigida al alma, insta que la obra sólo será de provecho a aquella persona que de manera consciente quiere olvidar el mundo y abandonarse en el Señor: “A ti sola, alma bienaventurada a quien el Señor atrae al desierto para hablarte al corazón. A ti sola, que lo has acogido como Único”.

Cuatro son los apartados que propone para franquear las puertas del silencio, que si los observas “con exacta obediencia y una prefecta caridad” habrás superado los mayores obstáculos.

El primero que se analiza esta semana, posiblemente el más difícil y complejo:

 SOFOCAR LOS RUIDOS INTERIORES

San Bruno

San Bruno

¡Qué difícil es a veces encontrar la paz dentro de uno mismo! Nuestra mente siempre está “operativa” con un vaivén continuo de recuerdos y pensamientos (buenos o malos) que suscitan emociones, muchas de ellas terminan desequilibrando el alma que busca la calma.

Tres son los generadores de ese ruido: los recuerdos, la curiosidad y las inquietudes.

No recuerdes, no reavives ningún “mal recuerdo”. El mal arrepentido está perdonado”. La generosidad del amor presente repara el pasado. Olvida acciones concretas” dice el monje cartujo. ¿De qué nos sirve darle vueltas a un asunto pasado? ¿Para qué hacernos “mala sangre” reabriendo heridas y recuerdos innecesariamente? El Pasado ya pasó… déjalo ir, ya no va contigo. Suéltalo. Perdónalo sin rencor.

Evita la nostalgia y el daño a tu alma viendo fotos o cosas que sabes que en el fondo “te remueven tu interior” y no te ayudan a serenarte.

Ahora que tan de moda están las redes sociales… ¿Cuántas veces nos obcecamos en “saber” simplemente por curiosidad para luego murmurar o criticar, o dar opiniones banales de lo que vemos? Muchas veces hacemos juicios de valor innecesarios sin saber qué es lo que realmente pasa.

Tu memoria es un terrible acumulador; almacena tesoros de futuras distracciones”. Pon tu mente en blanco, sosiega tu mente, respira profundamente y céntrate en Dios que todo lo puede.

Después de callar esos ruidos, céntrate en reprimir la curiosidad. El autor cartujo no lo dice así, pero creo que todos me comprenderéis con la frase: “la curiosidad mató al gato”. ¿No os ha pasado que cuando os enteráis de noticias nuevas ya sea por la televisión ya por algún comentario, vuestro corazón se agita y vuestros sentimientos se fusionan? La solución es tomar consciencia, detenerse y separase de esos sentimientos dañinos, no entréis en el juego de la crítica… no os recreéis en eso. “Ignora de corazón lo que pasa en el mundo: reza por él”.

“Si no te comunican noticia de nada, ni de nadie, no la pidas, ¡gran suerte es esa! […] rehúsa tú prestar atención a lo pasajero”. Analiza si de verdad es interesante y necesaria esa información… acalla ese ruido que te lo pide… pregúntate: ¿puedo pasar sin ella? ¿la necesito?

Escribe el autor: “Sé feliz al ignorar lo que pasa en los trabajos; cómo se administran; cuáles son las relaciones de cada uno. Ama a todos tus hermanos con un amor igual, desprendido. No te informes, pues, de los acontecimientos insólitos de la Comunidad: ¿Quién viene? ¿quién pasa?…”

 Si  no estás encargado de los otros, no te informes de sus comportamientos; no hagas reflexiones interiores al respecto, sobre todo a lo concierne a sus defectos  faltas”… ¿cuántas veces intentamos saciar nuestra curiosidad preguntando sobre nuestro compañero? Detente, respira y medita… ¿es necesario? ¿soluciono algo?

Finalmente, el autor termina este primer capítulo diciendo que cerremos las puertas a las inquietudes. “Tengas lo que tengas que hacer, sean cuales sean tus responsabilidades materiales o espirituales, no enmarañes tu alma, y no permitas jamás que la inquietud te turbe!

 Todo ocurre porque Él quiere; nada se hace que Él no lo permita.

¿Por qué angustiarse con banas preocupaciones?

Texto completo: Las puertas del silencio (1970) escrito por un monje.

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