El Santo del silencio…

El Santo del silencio... (Blanco y Negro, 1933)

El Santo del silencio… (Blanco y Negro, 1933)

Tres sonetos dedicados al padre fundador de la Orden: San Bruno. Fueron escritos por José Domingo de Mena: poeta, periodista y cronista oficial nacido en San Roque (Cádiz) en el año 1889. En 1925 organizó una serie de charlas en el Casino del Recreo y al año siguiente publicó varias poesías en la famosa revista madrileña Blanco y Negro. Sus ideas progresistas de 1931 poco a poco se tornaron más conservadoras. Creó el Gabinete Arqueológico Iconográfico de Barbésula, Carteia y Gibraltar, y la Asociación de Amigo de Cadalso. En plena madurez sería nombrado hijo predilecto de la ciudad y miembro del Instituto de Estudios Gaditanos. Falleció  en 1975.

En 1933 publicó los referidos sonetos en la antigua revista Blanco y Negro, bajo el título Santo del silencio… con clara alusión a San Bruno; entre otros detalles le acompañaba la foto del Santo según se venera en la Cartuja de Miraflores en Burgos. Revista fundada en 1871 y editada por el diario ABC.

Dicen así:

 SANTO DEL SILENCIO…

 I

Santo del silencio, trágico San Bruno,

tú el secreto ofreces de la perfección.

Donde tu ascetismo no llega ninguno

hiperbolizando la renunciación.

Todos los martirios del cuerpo, el ayuno

y el cilicio de una continua oración,

para ti no implican sacrificio alguno

y un martirio creas de alucinación…

La propia voz, esa fiel compañera

de la solitaria vida más austera,

te parece un gozo más a condenar…

Y aislándote, heroico, cruel, de ti mismo,

te impones el torvo drama del mutismo,

logrando la enorme virtud de callar.

II

 Callar, como callan las más nobles cosas,

el árbol, la estrella, la nube, la flor.

Dejar que las horas pasen silenciosas,

Oyendo tan sólo la voz interior…

Callar, meditando que las más hermosas

palabras no tienen bastante valor

para expresar todas las maravillas

escalas de un hondo prodigio de amor.

Callar… Aplicarse la férrea mordaza

de un terco silencio. Vencer la añagaza

del Diablo, que acecha propicio a dictar…

Y si es necesario romper el mutismo,

ser trino, ser eco de gloria o de abismos,

¡Hablar como hablan las aves y el mar!

III

Pon freno a mi lengua ligera, Dios mío.

San Bruno, protege mi anhelo sincero.

Que mi voz no suene más en el vacío

de la indiferencia, Señor, callar quiero.

Mi fácil palabra vulgar en un río

que inunda y ablanda mi espíritu austero.

Hablando sin tregua, Señor, desvarío.

Señor, haz enjuto mi verbo ligero.

Permite que sienta mi vida el influjo

redentor del gesto del santo cartujo

que admiro y venero con exaltación.

Y si he de hablar sólo de mi honor en mengua,

descarga una espada de fuego en mi lengua

Y que hable mi verso, que es mi corazón.

 

José Domingo de Mena

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Un pensamiento en “El Santo del silencio…

  1. Ana dice:

    Yo, hago mío el tercer soneto, pido las mismas cosas. Gracias por compartir y enseñarnos cada día nuevas cosas. Un abrazo

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