26 de junio: San Antelmo (monje y obispo)

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Antelmo de Chignin nació en una familia noble de Saboya (Francia) en 1107. Fue primero preboste de la catedral de Ginebra y canónigo de la catedral de Belley. Sin embargo, por la gracia de Dios, se negó a encontrar su alegría en estas posesiones exteriores y en la gloria humana. Tenía un hermano que era procurador en la Cartuja de Portes. Las conversaciones con su hermano y con el Prior lo convencieron de la excelencia de la abnegación cristiana en la vida monástica. Entró en la Cartuja de Portes en 1136 o 1137 y pronto superó a los demás monjes del lugar en las virtudes monásticas.

El Papa Alejandro III consagra a Anthelm de Chignin como obispo de Belley (Carducho)

Esto llegó a oídos del superior de la Gran Cartuja, Guigo, que pidió al prior de Portes que enviara a Antelmo a la casa madre, donde una avalancha había matado a siete monjes poco antes. Así pues, Antelmo profesó en la Gran Cartuja.

Cuando Guigo fue sucedido por Hugo, Antelmo fue nombrado procurador. Aceptó humildemente este cargo, aunque no sintió ninguna atracción por él, y cumplió con su función con mucho provecho para la Casa pero sin descuidar sus propias necesidades espirituales.

En 1139, cuando se necesitaba un nuevo prior, la comunidad, por unanimidad, eligió a Antelmo. Durante su priorato reconstruyó la casa madre en un lugar menos expuesto a las avalanchas. Pero su principal empeño fue el progreso espiritual de la comunidad, que pronto experimentó su firmeza, ternura, sabiduría y humildad. Visitaba con frecuencia a sus monjes en sus celdas y la dulzura de sus palabras llenaba de paz sus corazones. Los enfermos, tanto en el cuerpo como en el alma, tuvieron el interés particular de su cuidado paternal.

Tenía un don especial para poner remedio a las tentaciones y para animar a los desanimados. En cuanto a los que eran muy buenos en la vida espiritual, los juzgaba dignos de todos los honores. Les daba todas las pruebas de perfecta estima, llegando incluso a cederles el paso y a ponerse de pie en su presencia.

Fue durante su mandato cuando los Priores de las otras Cartujas expresaron el deseo de una organización más estable y estructurada de la Orden en la forma de un Capítulo General anual. Antelmo se mostró abierto a ello y acogió el primer Capítulo General en la Gran Cartuja en 1140. Después de la fundación de San Bruno (1084) y de las Consuetudines escritas por Guigo (1121-1128), este primer Capítulo General fue como un «tercer punto de partida» para la Orden Cartujana.

Cartuja de Portes

Humilde como era, pidió repetidamente ser relevado de su cargo de Prior. Después de doce años, en 1151, finalmente lo consiguió. Pero como el prior de Portes había muerto en ese momento, los monjes de esa casa le pidieron a Basilio, sucesor de Antelmo como superior de la casa madre, que les enviara a éste como nuevo prior. Antelmo tuvo que aceptarlo.

Durante su priorato, las tormentas que destruyeron la cosecha en la región de Portes provocaron una escasez de alimentos. Antelmo distribuyó generosamente entre los campesinos trigo y verduras de los almacenes del monasterio. También acudió a socorrer económicamente a otros monasterios.

Dos años después, la diócesis de Belley, en la que se encuentra Portes, necesitaba un nuevo obispo. La población quería que Antelmo fuera el elegido. Él se negó, pero fue en vano. El Papa Alejandro III le ordenó aceptar y consagró a Antelmo como obispo en 1163.

En su nueva misión prestó grandes servicios a la Iglesia. En el primer año como obispo impulsó una reforma en el clero. Defendió los derechos de la Iglesia frente a los poderosos. Un amargo conflicto con Humberto, conde de Saboya, terminó con Humberto pidiendo el perdón del santo obispo, que éste le concedió con gran benignidad. Como obispo además trató, aunque en vano, de mediar entre santo Tomás Becket y el rey Enrique II de Inglaterra.

Mantuvo el mismo fervor monástico de siempre. Cada año se retiraba unos días a la Gran Cartuja, donde tenía una celda como los demás monjes. Recomendando la caridad y la concordia a sus sacerdotes, San Antelmo murió el 26 de junio de 1178. Debido a los numerosos milagros que se produjeron en su tumba, pronto fue venerado. Hoy en día es el patrón de la diócesis de Belley, donde la catedral conserva sus reliquias. Los cartujos y la diócesis de Belley celebran su fiesta el 26 de junio.

Oración:

Señor, que amas la unidad y la paz,

concédenos por intercesión de San Antelmo

buscar siempre, todos juntos, tu voluntad y

alabarte a una voz, con un solo corazón.

Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Fuentes: Santos y beatos de la Cartuja, de Juan Mayo Escudero.

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