El Niño de la espina y la Vita Christi del cartujo Ludolfo de Sajonia

Existe una obra no expuesta en el Museo del Prado de Madrid que aunque no haga referencia directa a la Orden de los Cartujos, sí guarda una estrecha relación.

Desde el más puro formalismo, se trata de un óleo sobre lienzo, pintado a finales del siglo XVII en España; por lo que si nos fijamos bien ya se aprecia perfectamente el estilo barroco. Fue una obra que perteneció a la marquesa viuda de Cabriñana y que donó, según consta en el museo, en el año 1894. Número de catálogo P01318.

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El Niño de la espina. Anónimo.

Este marquesado cordobés fue creado por Felipe V mediante carta real el 5 de abril de 1706. Han existido 12 descendientes directos que han ostentado el título de Marqueses de Cabriñana del Monte.

Pero no queremos referimos en particular al cuadro como objeto, sino a la temática. Se trata de una obra anónima titulada El Niño de la espina, en donde se puede ver al Niño Jesús observando una gota de sangre salir de su dedo tras haberse pinchado con una espina de la corona ante la que se encontraba meditando. Corona de espinas anacrónica, testimonio de la futura pasión y muerte del Redentor.

Como hemos dicho, la relación con la Orden viene correspondida por este tema iconográfico del lienzo: el Niño Jesús con apenas unos años ya tiene un objeto “premonitorio” de su pasión con 33 años, se adelanta de esta manera simbólicamente a su futuro. Fue un motivo pintado por muchos autores cristianos en época barroca, entre ellos Zurbarán, y que viene narrado por primera vez en la obra Vita Christi del cartujo Ludolfo de Sajonia o Rudolfo el Cartujano.

El Niño y la espina

El Niño de la espina según Zurbarán, 1630. Museo de BB.AA. de Sevilla.

La cartuja de Santa María de la Cuevas en Sevilla, situada en Isla de la Cartuja, quiso tener un cuadro con esta temática tan cartujana, de este modo se encargó a Francisco Zurbarán que pintara la obra basándose en el libro de Rudolfo (imagen superior). Mientras existió vida religiosa en esta cartuja, ésta atesoró obras de este autor que rompían con los esquemas a los que en la actualidad nos tiene acostumbrados. Tenían arcaísmos o particularidades propias del deseo de sus clientes. Recogemos un comentario de la obra: «Recogido en el interior de una sala palaciega, el joven anuda ramas de espinos para confeccionar una corona. Una de las espinas le ha pinchado y él parece reflexionar sobre el dolor que le espera, simbolizado en esta corona. Destacan por su calidad pictórica dos elementos del lienzo: por un lado, la túnica llena de pliegues acusados y con aspecto de pesar enormemente.»

Otra versión anónima

Otra versión anónima

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Distinta versión

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Otra versión utilizada como imagen para un sello de Colombia

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