El apego de la vanidad

Ya hicimos referencia a la vanidad. Nos referíamos a ella tal y como es citada en la Biblia: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”(Eclesiastés 1:2). Qué es la vanidad sino la arrogancia, lo que hoy en día se dice como “ser un creído”, buscar la adulación, “que nos doren la píldora”, en definitiva que alimenten nuestro ego en busca de fama, de posición social, reconocimiento, prestigio…
La mejor manera para luchar contra este apego es la humildad. La vanidad se puede enquistar dentro de nuestras almas y convertirse en un ente adictivo que si no se alimenta no conseguimos ser felices. No confundamos FELICIDAD, satisfacción íntima del espíritu, con PLACER, superficial y efímero: conseguir un objeto deseado nos da placer… ¿pero nos hace también feliz?
Otra reflexión: cuando somos niños queremos tener profesiones prestigiosas en un futuro… Pero si nos hubieran preguntado qué pasaría si nadie supiera a qué nos íbamos a dedicar, ¿hubiéramos queriendo llegar a esa meta?
Para luchar contra la vanidad hemos de pararnos y meditar.. ¿lo hacemos para nosotros? O… ¿lo hacemos para que los otros nos vanaglorien?
Busquemos la humildad como hacen los cartujos… ellos hacen sus cosas para que Dios lo vea, sólo Él, nadie más importa. Dios ve en lo escondido y té recompensará por ello dice la Biblia. Para un monje cartujo nada es más importante.
La clave que utilizan los monjes de la Orden es principalmente el anonimato, no necesitan el reconocimiento, no buscan la fama… lo hacen porque ellos quieren, para su crecimiento y realización personal, para que su espíritu crezca… en definitiva para Dios. Pocas obras literarias o pictóricas encontraremos firmadas más que con una simple frase anónima: “por un cartujo”.
Vivimos tiempos de Redes Sociales, de compartir “tuits retuiteando”, de “me gustas”… el ser humano siente la necesidad de compartir experiencias y de comunicarse como zoon politikon que es, pero no por ello ha de buscar la admiración y terminar enamorado de sí mismo como le sucedió a Narciso.
Dice el agustino Félix J. Moratiel Villa en su libro Recetas para una vida: “Sólo por hoy sentirás la vanidad de la vida. Y comprenderás que toda existencia pasa incontenible como la corriente de los ríos”. Reflexionemos sobre las vanidades que no nos llevan a ninguna parte, sólo a desestabilizarnos si no las tenemos, y que cada vez que hagamos algo pensemos ¿lo haría si nadie se enterase?

Y recuerda… Nadie es superior a otro ser. Todos hemos sido creados iguales. Dios, que es todo Amor, puso el árbol para cobijar a todos por igual.

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Al ingresar en la Orden Guillermo, abad de San Teodofredo, le pedía a San Bruno realizar los mismos trabajos humildes que reclamaba para sí San Hugo, obispo de Grenoble. Aquí vemos a S. Hugo barriendo la cartuja mientras Guillermo se dirige a S. Bruno, fundador y prior, reclamándole la escoba.
Vicente Carducho (Cartuja de El Paular, 1626). El Prado.

Os dejo con el dr. Wayne Dyer, que trata la psicología humanista y da siete recomendaciones para vencer el ego y la vanidad en su libro El poder de la intención:

  1. No te sientas ofendido. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo, que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz. Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra.
  2. Libérate de la necesidad de ganar. Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Es imposible ganar todo el tiempo. Si tu cuerpo no rinde para ganar ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar un trofeo. Vive en paz, irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a medida que dejes de ir tras ellas.
  3. Libérate de la necesidad de tener razón. El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen.  El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. «¿Qué quiero? ¿Ser feliz o tener razón?». 
  4. Libérate de la necesidad de ser superior. La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de hostilidad.
  5. Libérate de la necesidad de tener más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como sí te llegara más de lo que deseas. Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz. Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. 
  6. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros. Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros sois lo mismo.
    Fíjate en todo y agradece las capacidades que te han sido concedidas, la motivación para lograr cosas y las cosas que has acumulado, pero atribúyele todo el mérito a la fuerza de la intención que te dio la existencia y de la que formas parte materializada. 
  7. Libérate de tu fama. La fama que tienes no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. Si te preocupas demasiado por cómo te van a percibir los demás.  No hay nada que no puedas hacer, a menos que te desconectes de la fuerza y te convenzas de que tu meta consiste en demostrarles a los demás tu superioridad y autoridad y dediques tu energía a intentar ganar una fama extraordinaria entre el ego de los demás. Mantén tu propósito, deslígate de los resultados y acepta la responsabilidad de lo que reside en tí: tu carácter. Deja que otros discutan sobre tu fama; no tiene nada que ver contigo.
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Un pensamiento en “El apego de la vanidad

  1. Caro Luna dice:

    Muy interesante. Es importante conocer nuestros egos, el positivo y el negativo. El negativo es del que solemos hablar cuando nos referimos al “ego”, el que nos dice “tu no puedes, o tú eres mejor que ese, o …”. El ego positivo es el que ejecuta las acciones guiado por nuestra mente superior y ese en necesario… gracias por las reflexiones. De lo que se esta hablando para mí, es de desidentificarnos de los personajes, de quitarnos las máscaras y sencillamente Ser, estar, existir. Gracias

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