Las puertas del silencio (III)

La tercera fase que nos muestra el autor cartujo de Las Puerta del Silencio es cómo combatir las obsesiones interiores.

 Se trata de una tarea difícil ya que nuestra cabeza nos puede jugar malas pasadas muchas veces.. nos obsesionamos, le empezamos a dar vuelta a una cosa, nos fusionamos con esos pensamientos negativos y no vemos la manera se separarnos para no sufrir.

 Pensamientos, ideas, comentarios, dudas, miedos… llegan a nuestra mente racional y se imponen como una algarabía a la que no puedes controlar; quieren nuestra atención, hecho que nos hace sombra en el orden del espíritu.

 Hay dos tipos de obsesiones según este cartujo: la que no tienen fundamento real  la que sí que tiene.

 De base real, que realmente exista y tú lo vivas como victima, es decir que estés obsesionando con una enfermedad, con un dolor, con el menosprecio de alguien, por ser perseguido de algún modo…

 El cartujo nos recuerda que Cristo sufrió mil agravios más… que este tipo de persecución es una prueba, pues la «la Providencia talla, burila, pule, martillea las almas sirviéndose de los que le rodean». Seamos agradecidos y digamos: ¡Gran regalo de Dios!

 Piensa en el amor al prójimo, en tu fe, en la compasión… y olvídate de esos elementos perturbadores… ofrécete como victima y déjate caer en los brazos de Cristo.

San Bruno

San Bruno

¡El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga!

Mt. 16, 24

 Por otro lado, nos dice este monje, que puede que tu obsesión no tenga un fundamento real. Hay días que vemos las cosas con una claridad meridiana, pero nos obsesionamos y “entramos al trapo” rápidamente. La solución que nos propone: tomar consciencia.

 La consciencia se obtiene viviendo el presente, dándonos tiempo para reflexionar y que se calmen los nervios y se apacigüe nuestra agitada mente. Paciencia… es duro, pero compensa. Cuando las tribulaciones  aparecen lo primero es identificarlas, acotarlas y esperar… no actuar sin pensar dejándonos llevar por ellas.

Razonemos: «si no tienen una base real… ¿por qué darle rienda suelta a nuestra fantasía?» Es una obsesión de nuestra imaginación.

Texto completo: Las puertas del silencio (1970) escrito por un monje.

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Un pensamiento en “Las puertas del silencio (III)

  1. Ana dice:

    Me doy cuenta que en el fondo decimos lo mismo, vamos que hablamos el mismo lenguaje, tú te basas en los cartujos y yo me baso más en el universo en sí. Me encanta como lo dices y expresas. Un abrazo

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