6 de octubre: Lecturas de maitines

Ofrecemos a continuación las doce lecturas de maitines para celebrar la solemnidad de San Bruno

[English] [Español]

LECTURA 1

De la carta de N. P. san Bruno a Raúl el Verde.

Al venerable señor Raúl, preboste de Reims, digno del más sincero afecto, Bruno lo saluda. La fidelidad que en ti se ve a una vieja y probada amistad es tanto más admirable y digna de encomio cuanto más rara de encontrar entre los hombres. Pues aunque corporalmente alejados uno de otro por larga distancia de tierras y prolongado espacio de tiempo, sin embargo, no han podido arrancarte el afecto de cariño hacia tu amigo. Ello se ha probado claramente por tus letras amabilísimas, con las que como a amigo me regalaste, y por tus beneficios tan generosamente prodigados, no sólo a mí, sino también por mi causa a fray Bernardo, y por algunos otros indicios. Por eso doy gracias a tu bondad, no iguales a tus méritos, pero que manan de la fuente pura del amor. Te mandé hace tiempo un correo con cartas, bastante fiel en otros envíos, pero como hasta ahora no ha vuelto a aparecer, juzgo oportuno enviarte a uno de los nuestros, que exponga de viva voz más ampliamente todo lo referente a mí, porque yo no bastaría a hacerlo por escrito. Te notifico, digno señor, pues pienso que no te desagradará, que estoy bien de salud corporal –ojalá así lo estuviese en el alma–, y en lo tocante a los asuntos temporales, bastante bien a medida de mis deseos. Pero aguardo suplicando que la mano de la divina misericordia “cure todas mis debilidades y sacie de bienes todos mis anhelos”. Vivo en tierras de Calabria con mis hermanos religiosos, algunos muy eruditos, quienes en permanente centinela “esperan a su Señor para abrirle apenas llame”, en un yermo bastante alejado por todas partes de toda humana habitación. De su amenidad y de lo templado y sano de sus aires, de la vasta y graciosa llanura extendida a lo largo entre montañas, con sus verdes praderas y floridos pastos, ¿qué podré decir? ¿Cómo describir acertadamente la perspectiva de las colinas que de todas partes se van elevando suavemente, lo escondido de los umbrosos valles, la agradable abundancia de ríos, arroyos y fuentes? Tampoco faltan huertos de regadío, ni variados y fértiles árboles.

LECTURA 2

Pero ¿a qué detenerme en estas cosas? Otros son ciertamente los deleites del varón prudente, más gratos y útiles por ser divinos. Sin embargo, nuestra débil mente, fatigada por una austera disciplina y por los ejercicios del espíritu, muchas veces con estas cosas se alivia y respira. El arco siempre tenso se afloja y no vale para su oficio. Cuánta utilidad y gozo divino traen consigo la soledad y el silencio del desierto a quien los ama, sólo lo saben quienes lo han experimentado. Aquí pueden los varones esforzados recogerse en sí cuanto quieran, y morar consigo, cultivar con afán las semillas de las virtudes, y alimentarse felices de los frutos del paraíso. Aquí se adquiere aquella vista cuyo sereno mirar hiere de amor al Esposo, con el que limpio y puro se ve a Dios. Aquí se practica un ocio laborioso, y se reposa en una sosegada actividad. Aquí, por el esfuerzo del combate, Dios premia a sus atletas con la ansiada merced, a saber, “la paz que el mundo ignora y el gozo en el Espíritu Santo”.

LECTURA 3

¿Qué piensas hacer, carísimo? ¿Qué, sino seguir el consejo divino, creer a la Verdad que no puede engañar? A todos aconseja al decir: “Venid a mí todos los fatigados y abrumados, que yo os aliviaré”. ¿No es un trabajo pésimo e inútil ser atormentado por la concupiscencia y afligirse sin cesar por preocupaciones y ansiedades, temores y dolores, por causa de tales deseos? ¿Qué carga hay más pesada que la que abate al alma desde la sublime altura de su dignidad hasta lo más bajo, a lo cual equivale toda injusticia? Huye, pues, hermano mío, todas estas molestias y miserias, y pasa de la tempestad del mundo al reposo seguro y tranquilo del puerto. Tu prudencia sabe lo que dice la misma Sabiduría: “El que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. ¿Quién no ve cuán hermoso, útil y agradable sea permanecer en su escuela, bajo la dirección del Espíritu Santo, y aprender la divina filosofía, única que da la verdadera felicidad?

LECTURA 4

Te acuerdas sin duda, amigo, cómo cierto día estando juntos yo, tú y Fulco, el tuerto, en el jardincillo contiguo a la casa de Adam, donde entonces me hospedaba, tratamos un buen rato, me parece, de los falsos halagos y de las perecederas riquezas del mundo, y de los goces de la gloria eterna. Entonces, ardiendo en amor divino, prometimos, hicimos voto y dispusimos abandonar en breve el mundo fugaz, para captar lo eterno y recibir el hábito monástico. Pero ¿qué hay tan justo y tan útil, tan innato y conforme con la naturaleza humana, como amar el bien? Y ¿qué otro ser tan bueno como Dios? Más aún, ¿qué otro bien hay sino Dios solo? De ahí que el alma humana, percibiendo en parte el incomparable atractivo, esplendor y belleza de este bien, encendida en la llama del amor, dice: “Mi alma tiene sed del Dios fuerte y vivo, ¿cuándo iré a ver el rostro de Dios?”

LECTURA 5

Carta de N. P. san Bruno a los Hermanos de la Gran Cartuja.

Sus hermanos singularmente amados en Cristo, fray Bruno los saluda en el Señor. Conocido el inflexible rigor de vuestra razonable y en verdad laudable disciplina por la relación detallada y consoladora de nuestro beatísimo hermano Landuino, y habiendo oído vuestro santo amor e incesante celo por cuanto sea integridad y virtud, mi espíritu exulta en el Señor. En verdad exulto y me siento impulsado a la alabanza y acción de gracias al Señor, y, no obstante, suspiro amargamente. Exulto, sí, como es justo, por el incremento del fruto de vuestras virtudes, y me duelo y avergüenzo por yacer inerte y negligente en la sordidez de mis pecados. Alegraos, pues, hermanos carísimos, por la suerte de vuestra felicidad y por la largueza de la gracia de Dios sobre vosotros. Alegraos porque habéis escapado de los muchos peligros y naufragios del tempestuoso mundo. Alegraos porque habéis alcanzado el refugio tranquilo y seguro de un puerto escondido, al que muchos desean llegar; y muchos con algún esfuerzo lo intentan, pero no llegan. Y aun muchos, después de haberlo conseguido, son excluidos de él porque a ninguno de ellos se le había concedido de lo alto.

LECTURA 6

Sí, hermanos míos, tened por cierto y probado que quienquiera que haya disfrutado de este anhelado bien, si de cualquier manera lo pierde, se dolerá toda la vida si tuviere algún miramiento y cuidado por la salvación de su alma. De vosotros, mis carísimos hermanos laicos, digo: “Mi alma engrandece al Señor”, porque observo la grandeza de su misericordia sobre vosotros, según el informe de vuestro Prior y padre amantísimo, quien mucho se gloría y goza por vosotros. También yo me alegro, porque, estando desprovistos de la ciencia de las letras, Dios poderoso graba con su dedo en vuestros corazones no sólo el amor, sino también el conocimiento de su santa ley. Con vuestras obras, en efecto, mostráis lo que amáis y lo que sabéis. Porque como practicáis con todo esmero y afán la verdadera obediencia, que es ejecución de los mandatos de Dios, y clave y sello de toda disciplina espiritual –obediencia que nunca se da sin mucha humildad e insigne paciencia, y a la que siempre acompaña el casto amor del Señor y la verdadera caridad–, es manifiesto que recogéis sabiamente el fruto mismo suavísimo y vital de la Escritura divina.

LECTURA 7

Permaneced, pues, hermanos míos, en el estado al que habéis llegado, y evitad como la peste a esa pandilla malsana de algunos laicos embusteros que hacen circular sus escritos musitando lo que no entienden ni aman, y contradicen de palabra y obra. Ociosos y giróvagos, detractores de cuantos son buenos y religiosos, piensan merecer alabanza infamando a quienes la merecen, y les son odiosas la obediencia y toda disciplina. He querido retener a fray Landuino por sus graves y frecuentes enfermedades, pero como piensa que sin vosotros nada le resulta sano, nada alegre, nada confortante y útil, no ha consentido, asegurándome, hecho una fuente de lágrimas por vosotros y con muchos suspiros, cuánto os aprecia y con qué perfecta caridad os ama a todos. No he querido coaccionarlo en nada por no herirlo a él o a vosotros, a los que tengo por amadísimos por el mérito de vuestras virtudes.

LECTURA 8

Por eso, hermanos, encarecidamente os advierto y os ruego con sumisión e instancia que la caridad que en el corazón tenéis la mostréis en obras para con él, como Prior y padre carísimo, suministrándole benigna y próvidamente lo que necesita para sus múltiples enfermedades. Si no consintiere en este deber de humanidad, prefiriendo poner en peligro la salud y la vida antes que omitir algo del rigor de la observancia corporal, ello en absoluto ha de reprobarse. Quizá lo sonroje a él ser primero en la religión y parecer el último en esto, temiendo que, con ocasión suya, alguno de vosotros se haga un tanto remiso y tibio, lo que pienso no hay que temer de ningún modo. Y para que no seáis privados de este favor, os concedo a vosotros, carísimos, hacer mis veces solamente en esto, que podáis obligarlo respetuosamente a tomar cuanto hayáis preparado para su salud. En cuanto a mí, hermanos, sabed que mi único deseo, después de Dios, es el de ir a vosotros y veros. Y cuando pueda lo pondré por obra, con la ayuda de Dios. Saludos.

LECTURA 9


Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas; vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda para abrirle apenas venga y llame”.

La muerte de San Bruno (Carducho, Vicente) – Museo Nacional del Prado

Homilía de N. P. Guigo.


Guigo, el menor de los siervos de la Cruz que hay en la Cartuja, a un hombre respetable: “Vivir y morir por Cristo”. Cada cual piensa a su manera. Yo, sin embargo, creo que será verdaderamente feliz, no el que ambiciona los honores soberbios de la corte, sino el que se propone vivir humilde y pobremente en el desierto; el que siente viva inclinación a meditar reposadamente; el que tiene ansia de quedarse solo y en silencio. Porque, brillar con los honores, estar encumbrado en dignidades, a mi juicio es una cosa que favorece muy poco la tranquilidad, es peligrosa, sujeta a muchos quebraderos de cabeza, para muchos sospechosa y para nadie segura. Al principio alegre, perpleja después, y triste a la postre. Aplaude a los malos, irrita a los buenos, y engaña frecuentemente a unos y a otros. A
muchos hace desgraciados, y a nadie hace dichoso y feliz.

LECTURA 10


En cambio, la vida pobre y solitaria, al principio se hace pesada, con la costumbre se torna fácil, y termina haciéndose celestial; constante en las adversidades, confiada en las dudas, en la prosperidad modesta. Sobria en la comida, sencilla en el vestido, intachable en la conversación, casta en las costumbres. Muy digna de ser deseada, ya que ella nada tiene de ambiciosa. Llora frecuentemente sus faltas pasadas, evita las presentes y se pone en guardia contra las futuras. Confía en la misericordia, desconfía de los propios méritos, codicia los bienes celestiales, desprecia los terrenos; se esfuerza por adquirir virtudes sólidas, las ejercita con perseverancia y las conserva para siempre. Se aplica al ayuno con insistencia por fidelidad a la Cruz, se resigna a comer por necesidad corporal, regulando lo uno y lo otro con mesura perfecta, y así refrena la gula cuando se encapricha por comer, y domina el orgullo cuando le da por ayunar.


LECTURA 11


Se aplica a la lectura, pero tiene marcada preferencia por los libros religiosos y de autoridad reconocida, fijándose más en su solidez doctrinal que en los artificios literarios. Y lo más asombroso y admirable es que de tal manera se mantiene en reposo, que nunca está ociosa. De tal manera multiplica sus ocupaciones que es mucho más frecuente que le falte el tiempo que la variedad del trabajo. Se queja más de la fugacidad del tiempo, que del aburrimiento en el trabajo. ¿Para qué insistir? Exhortar al reposo es cosa muy fácil. Pero esta exhortación supone un espíritu sereno, atento a su propio bien y enemigo de enredarse en pleitos ajenos y en politiquerías; un espíritu que, conservándose tranquilo bajo la milicia de Cristo, no quiere ser al mismo tiempo soldado de Dios y satélite del mundo, teniendo como norma segura que es imposible gozar aquí con el presente siglo y después reinar con Dios en el futuro.


LECTURA 12


Bien poca cosa son estos renunciamientos y otros semejantes, si tienes en cuenta el cáliz que bebió sobre el patíbulo el que te invita a participar en su reino. A gusto o a disgusto, es necesario que sigas el ejemplo de Cristo pobre, si quieres tener parte en sus riquezas. Si sufrimos con Él, dice el Apóstol, con Él reinaremos; si lo seguimos en la muerte, seremos también sus compañeros en la Vida. Nuestro Divino Mediador responde a dos de sus discípulos que pedían sentarse, uno a su derecha y otro a su izquierda: “¿Podéis beber el cáliz que Yo voy a beber?”, significando así que, al convite de los Patriarcas y al néctar de las copas celestiales se llega a través del cáliz de las terrestres amarguras. Y para que comprendas todavía mejor hacia dónde se dirige el fervor de este discurso, propongo brevemente a tu prudente discreción lo que para mí quiere ser un deseo y un consejo, que, como varón de espíritu generoso y magnánimo, pensando en la salvación eterna, abraces nuestro género de vida, y, hecho un nuevo recluta de Cristo, montes una guardia santa y vigilante en los campamentos de la milicia celestial, con tu espada ceñida a la cintura contra los peligros de la noche.

Fuentes: Lecturas de maitines – 6 de octubre: 1-8 (año A) y 9 a 12 (Año B). Cartuja San José 2020.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s