4 de mayo: Mártires Cartujos Ingleses

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En 1535 el rey Enrique VIII decidió separarse de la Iglesia de Roma. El obligó a sus súbditos ingleses a firmar el «Acta de Supremacía» que declaraba que él era la cabeza de la Iglesia en Inglaterra. Muchos ingleses aceptaron, otros escaparon del país para poder seguir siendo leales al Papa, y otros enfrentaron el martirio. Éste es el caso de los santos Juan, Roberto, Agustín y compañeros mártires, a los cuales hoy recordamos. Ellos son conmemorados en la Orden con «rito de doce lecturas». A continuación ofrecemos ocho de esas doce lecturas. En ellas el padre cartujo Mauricio Chauncy, quien logró escapar de Inglaterra, relata el martirio de sus hermanos en la Orden.

LECTURA 1ª

A principios del año 1535 el rey de Inglaterra resolvió, autorizado a ello por el Parlamento en sesión histórica, que todos sus súbditos habían de renunciar a la autoridad y obediencia debida al Papa o a cualquier otro superior de otra nación, y que habían de someterse bajo juramento al mismo rey en cuanto jefe de la Iglesia, tanto en lo espiritual como en lo temporal. Cuantos se resistieran serían considerados como reos de lesa majestad y ejecutados como tales. Considerando los tres Priores cartujos que la ira del rey era presagio de muerte, para calmarla, si fuera posible, determinaron de común acuerdo encomendar el asunto al beneplácito divino, y adelantarse a la eventual llegada de los intérpretes de la voluntad regia yendo a presentarse a Tomás Cromwell, lugarteniente general del rey, para pedirle que fueran eximidos por su mediación del edicto regio, o que se mitigara algo el tenor y rigor de la ley de prestar juramento. Fueron, en efecto, y expusieron humildemente sus deseos y súplicas. Pero Cromwell se negó terminantemente a escucharlos y los encerró como rebeldes en la Torre de Londres.

Prisión y muerte de los priores Juan, Roberto y Agustín (por Vicente Carducho)

LECTURA 2ª

Como los tres Priores perseveraran con gran constancia en resistir a sus carceleros, se dio la orden de conducirlos a la muerte. El suplicio consistió en lo siguiente: Fueron atados boca arriba, en la cárcel misma, a una especie de cañizo, y así acostados, fueron arrastrados por unos caballos hasta el lugar Tyburne, a una legua de distancia, donde se solía ejecutar a los condenados a muerte. ¿Quién podrá referir las molestias y tormentos sufridos durante el trayecto a trechos desigual, a trechos encharcado y pantanoso? Llegados al referido lugar, nuestro Padre Juan Houghton fue desatado el primero. Entonces el verdugo, de rodillas, le pidió perdón por la cruel muerte que le iba a dar. ¡Oh buen Jesús! ¿Quién dejaría de llorar viendo al siervo de Cristo en tan gran aprieto? ¿Quién dejaría de afligirse contemplando la benignidad de tan santo varón mientras hablaba mansamente a su verdugo y lo abrazaba y besaba con cariño, y mientras oraba por él y por todos los presentes?

LECTURA 3ª

Después le mandaron subir al patíbulo donde había de ser ahorcado. Él obedeció mansamente y subió. Entonces, uno de los representantes del rey que presenciaban tal espectáculo rodeados de muchos miles de personas, le preguntó si quería acceder al mandato regio y al decreto del Parlamento. Si accedía se le otorgaría el perdón. “Pongo por testigo al Dios omnipotente –respondió con fortaleza el mártir de Cristo– y os ruego a todos vosotros que lo atestigüéis por mí en el terrible día del juicio: A punto de morir declaro públicamente que no por terquedad, malicia o rebeldía desobedezco yo a la voluntad del rey nuestro señor, sino solamente porque temo a Dios y no quiero ofender a su divina Majestad, ya que nuestra Santa Madre la Iglesia ha decretado y mandado lo contrario a la ley de nuestro rey y de su Parlamento; por lo cual, estoy obligado en conciencia, y sereno también y dispuesto a padecer éstos y todos los tormentos que quieran inferirme, antes que obrar en contra de las enseñanzas de la Iglesia. Rogad por mí y tened misericordia de mis Hermanos de quienes he sido indigno Prior”. Dicho esto, pidió una tregua para rezar el salmo “A ti, Señor, me acojo” hasta “a tus manos encomiendo mi espíritu” inclusive. Terminado el cual y dada la señal, fue echada por tierra la escalera, y él quedó suspendido. Al punto, y antes de que su alma saliera del cuerpo, uno de los presentes cortó la soga y el mártir cayó al suelo y empezó a respirar y a suspirar levemente.

Ruinas de la Cartuja de Beauvale, en donde fue prior San Roberto

LECTURA 4ª

Luego, fue trasladado a un lugar próximo en donde, despojado violentamente de todos sus vestidos y, así, puesto de nuevo sobre el cañizo, el sanguinario verdugo le amputó en primer lugar sus partes viriles, le extirpó todas sus vísceras y el corazón, y las arrojó al fuego, en tanto nuestro beatísimo Padre, hasta que le fue arrancado el corazón, continuaba orando con una paciencia y mansedumbre sobrehumanas, sin quejarse por tan intolerables dolores, de tal modo que fue la admiración del Presidente y de todos los circunstantes. Agonizando ya y casi desposeído de sus entrañas, exclamaba dulcemente: “¡Clementísimo Jesús, ten piedad de mí en este trance!” Y, según atestiguan varones fidedignos, cuando el verdugo le arrancaba el corazón, el mártir le dijo: “¡Buen Jesús mío! ¿Qué vas a hacer con mi corazón?” Y dicho esto, expiró. Finalmente, le cortaron la cabeza y dividieron en cuatro partes su mutilado cuerpo. Así, Reverendo Padre, permaneció fiel hasta la muerte este vuestro santo hijo. Descansó en el Señor el 4 de mayo de 1535, a los 40 años de su edad y cinco de Prior, como buen pastor que dio su vida no sólo por sus ovejas, sino también por los derechos y la confesión de Cristo. La misma suerte tuvieron, inmediatamente después, los dos Padres Priores Roberto y Agustín, y un tal Reginaldo, religioso de la Orden de santa Brígida, atormentado con el mismo género de suplicio.

Placa en la antigua Cartuja de Londres

LECTURA 5ª

Así despedazados por la misma causa estos santos, y pasadas tres semanas, hombres de ínfima condición se presentaron al antedicho Cromwell, lugarteniente regio, pidiendo su autorización para engañar y atormentar a otros muchos cartujos. Él se la concedió gustosamente, y ellos se apresuraron a prender a otros tres Padres, es a saber, al P. Hunfredo Middlemore, Vicario, al P. Guillermo Exmew, procurador y exvicario, y al P. Sebastián Newdigate, sacerdote de nuestra misma casa, y los encerraron en asquerosísima cárcel, en donde por dos semanas los amarraron, de pie, a unas columnas, sujetando a la misma cruelísimamente cuello y piernas, con cadenas de hierro, sin alivio ni libertad para cualquiera de sus necesidades. Pasadas las dos semanas, comparecieron por separado ante la asamblea que los sometió al mismo interrogatorio y condiciones que antes habían sido causa de la muerte de nuestros Padres.

LECTURA 6ª

Habiendo ellos declarado firme y constantemente que querían ser fieles a las leyes y costumbres de la Santa Madre Iglesia, fueron condenados a los mismos suplicios, tormentos y muerte que el Padre, y a los diez días los padecieron como él. Los tres eran jóvenes en años, pero ancianos en espíritu, llenos de gracia y virtudes, y de esclarecido linaje, y el P. Sebastián educado en el palacio real, todos muy doctos y de gran fortaleza. Fundados en la Sagrada Escritura, demostraron con intrepidez, ante sus jueces, que el rey no tenía autoridad de derecho divino para arrogarse la suprema dignidad y primado de la Iglesia que nuestro Señor Jesucristo había concedido tan sólo al Papa y a los sacerdotes. Fueron a la muerte como a un banquete, abrazándola con la mayor mansedumbre y conformidad, y hasta con entusiasmo, alegría y esperanza de la vida eterna, el 19 de junio de 1535. Transcurrieron después dos años sin nuevas detenciones, pero no sin gran tribulación nuestra.

LECTURA 7ª

En efecto, se derribó el muro, y una parte de la Comunidad siguió a Jeroboam, que había hecho pecar a Israel, y la otra a la casa de David, acordándose de la bondad con que Dios la había favorecido desde su juventud. Aquélla, ante trance tan apurado, y viendo el peligro inminente que se cernía sobre la casa, y la inutilidad de la resistencia, pues todo el mundo se sometía al rey, hastiados ya, se encomendaron a la misericordia de Dios en el peligro, aunque no sin grave lesión de sus conciencias, y, llorando, se sometieron a la voluntad del rey. Los demás no quisieron tener en más la casa de piedra que a sí mismos, y anteponiendo a todo la salvación de sus almas, dieron con gusto cuanto tenían, y se negaron a conseguir su libertad mediante una simulación; antes bien, resistieron al rey con firmeza para alcanzar así una resurrección más feliz y tener en el cielo una casa no hecha por los hombres.

Tyburn Tree (o Tyburne) en la actualidad

LECTURA 8ª

Éste último grupo consta de diez cartujos: tres sacerdotes, Ricardo Bere, Tomás Jhonson y Tomás Green; un diácono, Juan Davy y seis conversos, a saber, Guillermo Greenwood, Tomás Scryven, Roberto Salt, Gualterio Pierson, Tomás Redyng y Guillermo Horn, profesos de nuestra Casa de Londres. Todos fueron encarcelados el 29 de mayo de 1537 en cárcel asquerosísima en la ciudad de Newgate en donde murieron al poco tiempo, excepto uno, por la inmundicia y hedor de la cárcel. Al oír esto, el predicho representante regio se impacientó mucho y juró que los habría atormentado más cruelmente si no hubiesen muerto. El Hermano converso superviviente, Guillermo Horn, permaneció cuatro años en la cárcel en buena salud. Sacado finalmente el 4 de agosto de 1540* y sometido a los mismos tormentos de mutilaciones y desgarramiento de su cuerpo que su Padre Prior, padeció y murió como él. Así, el hijo siguió a su Padre, siendo entre todos el más cruelmente atormentado, y murió al cabo por amor a Jesucristo y por la fe de su esposa la Iglesia católica, negándose a prestar en falso un juramento.

Oración:
Tú has consagrado, Señor, con el martirio
la fidelidad de San Juan y sus compañeros al
Pontífice Romano; concédenos que, guiados
por su ejemplo, permanezcamos afianzados en
la roca de la sede de Pedro, y te sirvamos con
plena seguridad.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Fuente: Leccionario de Maitines – Año A – 4 de mayo – Lecturas 1 a 8 (Cartuja San José 2020)

* El padre Chauncy dice «4 de noviembre de 1541». La Crónica de Wriothesley, p. 121, dice: «Este año [1540], el cuarto día de agosto, fueron llevados de la Torre de Londres a Tyburn, Giles Heron, caballero… William Horn, último hermano laico de la Cartuja de Londres…». Wriothesley y Stow, que dan la misma fecha, estaban ambos en Londres en ese momento. Chauncy, que vivía en Brujas, debió haber estado mal informado.

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