Dichosos los dulces: ellos poseerán la tierra (Mt 5,5)

En el libro El camino de la verdadera felicidad escrito por un cartujo anónimo se nos explica, entre otras muchas pistas, cómo el alma puede encontrar la paz: Hay que ser compasivo con el prójimo; ser insensibles ante los sufrimientos ajenos no es otra cosa que dureza egoísta de un corazón cerrado a todo y a todo.

 “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y odia a su hermano,

es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ve,

no puede amar a Dios a quien no ve”

(1Jn 4, 20)

Para alcanzar un equilibrio interior y espiritual, este cartujo advierte a los novicios de la Orden una formula que a menudo se nos olvida y que todos deberíamos aplicarnos en nuestras vidas… porque cabe la posibilidad de entrar en un juego casi peligroso y adictivo que sólo puede llevar al desasosiego personal. Dice: “No juzgues nunca a nadie –a nadie- dentro o fuera del monasterio. Te juzgas a ti mismo.”

Ya lo escribió Lucas: “… no juzguéis y no seréis juzgados […] perdonad y seréis perdonados…” ¡Así de simple!

Dos consejos que este cartujo nos enseña:

Ante las discusiones, sepamos escuchar y tengamos empatía, pongámonos en la piel del prójimo (no sabemos cuál es su sufrimiento o cuál ha sido su historia de vida hasta llegar ahí).

Respeto a las personas, intentemos comprenderles con el corazón y la inteligencia. Los conflictos y otros males suelen venir de la poca atención a la persona del otro. Dejemos nuestro egocentrismo, dejemos de pensar en primera persona: yo, yo, yo… Guardémonos de cuanto pueda dañar la paz, y sobre todo evitemos hablar mal de nuestro hermano.

En definitiva viene a decirnos este cartujo que no critiquemos y que nos separemos de las emociones, que veamos el conflicto con perspectiva, sin fusionarnos con las emociones. Muchas veces vemos en el otro defectos que nosotros mismos tenemos,  nos vemos reflejados a modo de espejo, y esa rabia e impotencia nos hace señalarle con el dedo.

 La lección para superar esta falta la resume el autor así: “Antes de hablar del otro se hará oración. Oración profunda. La oración del corazón nos pone en estado de simpatía, de receptividad, y nos hace vibrar en armonía”.

Cartujo en meditación

Cartujo en meditación

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Un pensamiento en “Dichosos los dulces: ellos poseerán la tierra (Mt 5,5)

  1. Ana dice:

    Magnificos consejos, ¡Ay! si los llevaramos a cabo. La armonía y la paz estaría en nuestros corazones. Un abrazo

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