Las puertas del silencio (II)

Siguiendo con los comentarios al pequeño escrito cartujano Las puertas del silencio, hoy vemos el segundo capítulo: Evitar las discusiones interiores.

Bien es cierto, tal y como se apuntó en la primera entrada, que el escrito es una carta de bienvenida al joven novicio para que poco a poco se forme y traspase las duras barreras que conlleva la separación y el abandono voluntario “del mundo”.

Pero… ¿no es cierto que muchas veces nos sorprendemos a nosotros mismos inmersos en discusiones internas?  ¿no es cierto que “rumiamos” frases, conversaciones, pensamientos… que nos han afectado? Y no encontramos la forma de decir stop, tomar consciencia y separarnos de esas ideas para no fusionarnos con ellas.

Tomemos aire y perspectiva. Todo se volverá a su cauce si confiamos en Dios.

Dice el texto: “Observa, un solo día, el curso de tus pensamientos. Su sorpréndete frecuencia y la viveza de tus discusiones interiores con interlocutores imaginarios, te sorprenderán”. La vorágine de la vida nos empuja a marchas forzadas… hemos creado un sistema que nos exige conseguir resultados y objetivos cuantitativos; de tal manera que inmersos en el día a día hacemos las cosas de manera automática. Démonos un respiro, hagamos como dice este monje cartujo, tomemos un día consciencia de nosotros mismos  observándonos.

Superiores y hermanos, o jefes y compañeros, que de una u otra forma no congenian con nosotros o nos exigen tareas que hace que nos revelemos de forma interior para con nosotros mismos por considerar esas acciones injustas… “se erige un tribunal en nuestro interior, donde somos procurador, presidente, juez y jurado; raramente abogado, si no es para nuestra propia causa. […] uno se justifica, pero se condena al ausente”. ¿No os ha pasado nunca descubriros en esa situación de víctima?

Advierte este cartujo que en esas circunstancias se pueden elaborar planes de revancha o tretas vengativas, todo fuera del amor de Dios… por tanto ¿para qué sirven esos juicios prematuros, esos sobresaltos de amor propio, esa agitación personal que se paga con la pérdida de paz interior?

Piensa en Cristo bajo el ultraje, las injurias y la irrisión. Jesús callaba. Piensa en Él, pues sólo Él basta, que nada te turbe parafraseando a Santa Teresa.

 “Callaba”

Mateo 26, 23

 Dice como sabio mensaje: “Créeme: no discutas jamás con nadie, no sirve para nada. […] pasa la página apenas se inicie la controversia […] y a otra cosa: tu alma no es un forum, sino un santuario”. […] no se trata de tener razón, sino de embalsamar a tu alrededor con el perfume de tu amor [al prójimo]”.

Utilizando frases del texto, todas con gran sentido, podríamos concluir diciendo: Confía y no juzgues; doblega tu soberbia y olvida hacer el mal, pues nada bueno sale de esas intenciones. Sólo con Dios, Él lo sabe todo, Él lo puede todo, Él te ama… abandónate en Él y deja que todo amaine, y adelántate con vista cuanto la tempestad se levante, abstente de dialogar contigo mismo, sólo repite con dulzura: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Abísmate en el amor, la gloria, el gozo de las divinas Persona. Todo irá a mejor.

San Bruno

San Bruno

Texto completo: Las puertas del silencio (1970) escrito por un monje.

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2 pensamientos en “Las puertas del silencio (II)

  1. Ana dice:

    Cuando encontremos esa liberación de los pensamientos y del dialogo interno, habremos encontrado la paz y la quietud interior. Un abrazo

  2. Mariah Nitah dice:

    Hermoso y muy conciso artículo, impresiona su sencillez y sabiduría, DIOS los bendiga. Mil gracias por subirlo

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