Las puertas del silencio (IV)

Siguiendo con este tratado cartujano de Las puertas del silencio escrito en 1970, vemos hoy la última parte. Está orientado, como hemos ido indicando, para el joven novicio que debe ir desarmando corazón y mente para desprenderse del “hombre viejo”.

 La primera frase de hoy impone: «No le hables a ti mismo de ti mismo». Reflexionemos una vez más… ¿cuántas veces nos hemos descubierto discutiendo o enzarzados en conversaciones con nosotros mismos? Para no caer en la vanidad… «no pienses en ti, para bien, ni para mal».

 Tres cosas turban la mente del ser humano, tres cosas a evitar o al menos tenerlas controladas y localizadas en el momento que aparecen:

 –No criticar las dificultades de la vida.  Dice l escritor cartujo: «La vida es un combate, ¿no lo sabes ya?». Y bien es verdad que cada uno tenemos nuestra propia cruz, que hay que tomar para seguir a Cristo. Aceptación.

 –No sopeses tus penas ni tus sacrificios. ¿Qué es eso de ir de víctima? No te compadezcas de ti mismo: Dios ama al que da con alegría.

 –No tengas “coquetería” de tu alma. No te aflijas por tus impotencias, haz en todo momento la voluntad de Dios, con las fuerzas y gracias del momento presente, ya que como dice el autor no se te pide más. Esfuérzate sin mirar a tu alrededor, da hasta lo que puedas ofrecer… y no te compares con nadie pues eso te hará daño. Hay “santos” de todas las tallas.

San Bruno

San Bruno

Termina diciendo: «Y vive en paz bajo las alas protectoras del Dios que te ama».

 «El Señor es mi Pastor, nada me falta»

Salmo XXII

 Déjate en los brazos de Padre. Abandónate. Dice este monje: «Cada noche te dormirás murmurando: “Ten confianza ¡no te ocurrirá nada malo!”». Estoy seguro que si confiáramos más todo iría mejor.

 CONCLUSIÓN

 Sólo copiaré una frase del colofón, pues cada una de ellas en todo el escrito es una pequeña joya para meditar: «Por la gracia de Dios, observa estas cosas con toda paciencia y fidelidad. La paz descenderá a tu alma; el silencio la envolverá.»

Texto completo: Las puertas del silencio (1970) escrito por un monje.

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