La Orden de la Cartuja durante la Guerra Civil. Persecución religiosa en 1936

Introducción.

Desde los primeros años del s. XX numerosos conflictos políticos-sociales surgieron debido al emergente  sistema capitalista. Aquellos conflictos se polarizaron y dieron paso a la confrontación bélica. España, sumida en la segregación de clases sociales,  explotó en 1936 con una Guerra Civil.

Durante aquellos violentos días, sobre todos en los primeros meses las persecuciones, el pillaje y las represalias se hicieron patentes en los dos bandos: tanto en el bando republicano, leal al gobierno democráticamente establecido, como  en el bando franquista formado por los militares rebeldes que dieron el golpe de Estado.

El bando republicano cargó contar todo símbolo católico destruyendo iglesias y represaliando a religiosos y personas afines, pues la Iglesia tomó parte activa en el conflicto aunándose al bando rebelde; este hecho quedó claramente reflejado en la Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos del mundo entero, documento que pidió Franco al cardenal primado Isidro Gomá con la idea de dignificar su causa. Fue firmado por la gran mayoría de prelados, aunque hubo varios que se negaron, entre otros por el cardenal arzobispo de Tarragona Francesc Vidal i Barraquer que había salvado su vida, éste le escribía al Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pacelli (posterior Papa Pío XII) diciendo que “creía que en aquella guerra fratricida la Iglesia no debía identificarse con ninguno de los dos bandos, sino más bien hacer obra de pacificación”.

La Orden de la Cartuja durante la Guerra Civil.

Poco he podido encontrar del tema para esta entrada, el espíritu cartujano de pacificación no quiso ahondar en este tema ni proclamar mártires a los monjes que fueron asesinados, tal y como sí se ha venido haciendo en las últimas décadas.

La mejor fuente de información nos la da el benedictino Santiago Cantera Montenegro O.S.B. en su artículo La fecundidad de la vida monástica: monjes y ermitaños mártires en España (1936-1937), del que extraigo las siguientes notas en relación a los cartujos.

En la España de 1936 sólo existían 3 cartujas habitadas: la Miraflores en Burgos que no sufrió persecución por ser la capital del bando franquista, la cartuja de Aula Dei en Zaragoza también en territorio franquista y la cartuja Montalegre en Tiana (Barcelona) que fue la única que sufrió persecución por estar ubicada en zona republicana.

Cartuja de Montalegre

Cartuja de Montalegre

Recordemos los meses previos al estallido de la Guerra Civil, la coalición de partidos de izquierdas (Frente Popular) había ganado las elecciones celebradas el 16 de febrero de 1936, se habían radicalizado las posturas. La Comunidad de cartujos en Montalegre contaba con 37 monjes (21 padres y 16 hermanos). El prior, con talante pacífico, sin temer a nada pues con nadie se habían enfrentado desde su aislada cartuja, prohibió la defensa armada en caso de asalto (recordemos que en muchos disturbios callejeros numerosas iglesias y conventos se habían incendiado desde 1909). Tampoco se preparó una fuga en caso de que fuera necesaria, nadie preveía lo que vendría después. El prior advirtió a la Comunidad que habrían de mantener la vida ordinaria y la plena observancia, eran monjes contemplativos y debían continuar con la misión a la que un día fueron llamados.

La guerra estalló el 18 de julio. El día 19 se hizo patente en todo el territorio, Barcelona quedaba en manos de la República. En la cartuja de Montalegre se celebró la misa matutina Pro tempore belli (para el tiempo de guerra) y se informó a la Comunidad de la situación del estado. Las únicas medidas que se adoptaron fueron que la campana no sonase y se suspendió el paseo de recreo semanal de los monjes.

Antigua iglesia de la cartuja de Montalegre

Antigua iglesia de la cartuja de Montalegre

El día 20 de julio de 1936 las turbas incendiaron la iglesia del pueblo de Tiana. Se informó a los cartujos del inminente asalto. El prior ordenó a los monjes vestirse de paisano y afeitarse la tonsura, así como las barbas a los hermanos, quedando en su mayoría mal disfrazados según apunta el referido autor. Los monjes más jóvenes, junto con el sacristán y el procurador intentaron salvar los objetos de culto y negociando para que no se quemase la cartuja. Mientras el resto de la Comunidad intentaba huir.

A las 18 horas empezó el asalto por parte de anarquistas (CNT-FAI) y de la Esquerra Republicana Catalunya; al mando un mallorquín apodado el Badaloní.  Se había difundido incluso por la radio que los cartujos estaban pertrechados con armas y que refugiaban a un antiguo oficial ruso zarista. Todo mentira, no hubo resistencia alguna como era de imaginar por parte de los cartujos.

El Badaloní, hombre de buen corazón, quiso llevarles a Badalona para salvarles la vida y que no fueran allí asesinados. Cinco pudieron huir (uno de ellos después de ser hecho prisionero) y los cuatro más débiles y enfermos quedaron allí, los veintiocho restantes fueron conducido andando a Badalona.

Los primeros en sufrir la furia fueron el prior y el procurador que fueron subidos a un coche para ser bajador al poco y allí, en la misma cuneta, tiroteados.  El procurador fue asesinado, mientras que el prior quedó herido e inmóvil hasta que la Cruz Roja le recogió.

El resto caminaba entre insultos y amenazas, pasando al lado de los cuerpos de sus compañeros. Mientras se confortaban, rezaban y se daban la absolución. Al poco, el mismo coche recogió a otros dos: al vicario y al antiquior; fueron asesinados de la misma manera. según el testimonio de un superviviente: “la visión de la eternidad que se abría ante nuestros ojos nos hacía olvidar los que, a pesar de su malicia, son instrumentos de la amorosa Providencia que utiliza su odio diabólico para llevar a cabo sus altísimos designios; […] nos tenía indiferentes la actitud de nuestros verdugos mientras podíamos continuar con religioso recogimiento, como pudiéramos hacerlo en un insólito paso nocturno. La elevación de nuestras almas se hacía insoportable a  nuestros enemigos” y éstos aumentaron su trato cruel sobre las víctimas.

El coche montó a un monje y a un sacerdote secular. Los fusilaron. Volvieron a por otros dos, pero entonces el Badaloní se impuso y no les dejo.

Los últimos 4 km. hasta Badalona fueron los peores, ya que al llegar al cementerio los fusieron en formación para ser fusilados en sus tapias, para luego continuar andando. La entrada a Badalona fue en autobús a fin de que el pueblo creyese que así habían sido trasladados. Gracias al Badaloní, al alcalde y al Sr. Mora fueron salvados de una masa vecinal enfurecida y conducidos al Ayuntamiento. Estos tres indicaron que se les diera buen trato  que se alojasen con familias de la población (a riesgos de estos).

Siete días después, el 27 de julio, varios cartujos pudieron llegar a varios consulados y salir de España, para finalmente llegar a otras cartujas europeas. El resto permaneció en Barcelona, corriendo gran riesgo, como le ocurrió el 5 de agosto al hermano Guillermo, y a otros tres padres el 25 de octubre, sin que se encontrasen sus cuerpos nunca.

En total fueron 6 los cartujos que sufrieron muerte en aquellos días donde el odio fue el gran protagonista: el procurador Dom Celestín Fumet, Dom Isidoro Pérez el 20 de julio al ser trasladado a Badaona, Fr. Guillermo Soldevilla, los PP. Dom Luis Cierco, Dom Miguel Dalmau (vicario) y Dom Benigno Martínez (antiquior).

Cartujo en Montalegre

Cartujo en Montalegre

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