Aceptar al Espíritu, a uno mismo y al semejante

San Bruno

San Bruno

 

Escribió un monje cartujo:

«Pero si yo quiero ser acogedor respecto al Espíritu, en primer lugar es preciso que me ponga a la escucha de todos los que me rodean, ser realmente acogedor en la vida concreta: con aquel que viene a hablarme de sus historias, con aquel que me juega una mala pasada sin darse cuenta, con el que me cansa, con el que me molesta. E incluso con aquel al que espontáneamente amo mucho debo ser acogedor, es decir, no debo ser posesivo y devorarlo; al contrario, debo acogerlo tal como es, de manera que, después de haber sido acogido por mí, él sea aún más él mismo, que yo le haya ayudado a recibirte a ti, Jesús. Si quiero ser realmente ser acogedor de todo lo que viene del Padre, tengo que acoger a todos los hombres que tú me envías y, además, acoger todo lo que me das en la realidad que me rodea: las cosas bonitas y las menos bonitas, todo lo que afecta a mis sentidos […] Porque eres tú el principio y la raíz de todos estos seres, yo tengo que ser con ellos infinitamente acogedor. Finalmente es necesario que yo me acoja a mí mismo. Este ser, cuerpo y espíritu, que soy yo, no me pertenece o, mejor dicho, si me pertenece es porque el Padre me lo ha dado».

 

Por un monje cartujo: Acoger a Cristo. Burgos: Monte Carmelo, 2009.

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Ama al prójimo

Seamos respetuosos con los que nos rodean.

Es difícil, nuestro ego y orgullo nos nublan una y otra vez. La espesura del bosque no nos deja ver más allá. Deberíamos ver todo con ojos bondadosos, acogedores, tiernos… llenos de amor.  Ver con perspectiva las cosas, tras orar o meditar, haría que esos árboles que nos ciegan e impiden ver el camino se distanciasen.

Con compasión y con amor profundo al ser humano… todo es posible. Reconozcamos en nuestras meditaciones diarias que ni yo, ni el prójimo, es perfecto. Sólo hay un SER que es perfecto, y que nos mira con AMOR.

Escribió un cartujo con respecto al prójimo:

“Si yo quiero ser acogedor respecto al Espíritu, en primer lugar es preciso que me ponga a la escucha de todos los que me rodean, ser realmente acogedor en la vida concreta:

-Con aquel que viene a hablarme de sus historias.

-Con aquel que me juega una mala pasada sin darse cuenta.

-Con el que me cansa.

-Con el que me molesta.

-E incluso con aquel al que espontáneamente amo mucho debo ser acogedor, es decir, no debo ser posesivo y devorarlo; al contrario, debo acogerlo tal como es.

Si quiero realmente ser acogedor de todo lo que viene del Padre, tengo que acoger a todo los hombres que tú me envías y, además, acoger todo lo que me das en la realidad que me rodea: las cosas bonitas y las menos bonitas. Todo lo que veo, entiendo, percibo, todo esto viene del Padre; son mensajes del Padre, que te representan. Porque eres tú el principio y la raíz de todos estos seres, yo tengo que ser con ellos infinitamente acogedor.”

Cristo acoge a San Bernardo con un fraternal abrazo

Cristo acoge a San Bernardo con un fraternal abrazo

Apud: Acoger a Cristo. Por un cartujo. Burgos: Monte Carmelo, 2009.