Un 10 de agosto de 1539

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Un 10 de agosto de 1539 fallecía Juan Justus de Landsberg, gran teólogo cartujo nacido en Alemania. Su apellido era «Gerecht», del que «Justus» es sólo una traducción latina. Sin embargo, el apelativo por el que se le conoce generalmente es el de «Laspergio» (latinización de «de Landsberg»), por su lugar de nacimiento.

A pesar de no ser uno de los pocos santos cartujos que existen, él está presente en la liturgia cartujana de hoy. En efecto, un extracto de su libro «Una carta de Jesucristo» se lee en las Maitines. Es el texto que compartimos a continuación.

Laspergio el Cartujo (retrato del siglo XVIII)

Si alguno te reprende o te dirige una palabra injuriosa, muéstrale un rostro sereno y benigno; guarda silencio y en señal de afecto y de buena aceptación y acogida favorable por todo, sin pensamientos de venganza o de resentimiento de la injuria, hazle una sonrisa acompañada de humildad. Guárdate de hablar en estos momentos, salvo quizás dos o tres palabras, modestamente. Muéstrate humilde y dulce, hasta el punto de que nadie pueda temer reprenderte, despreciarte, hacerte alguna injuria. En toda prueba, delante de todo reproche, de toda afrenta o injuria, aprende a callar, a soportar, a permanecer en calma, y hallarás mi gracia.

Mas, por otra parte, tú no llegarás nunca a esta gracia, si no es por el silencio, soportando con igualdad de ánimo todo lo que yo te envío. Oh hija mía y esposa, tienes mi vida por ejemplo de paciencia y dulzura. Pues yo no he dicho en vano: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Porque mi vida ha sido un ejemplo de paciencia, de humildad y de mansedumbre. En medio de penas, de tormentos atroces, entre las burlas y las blasfemias, las crueles amenazas de mis enemigos y rostros impíos, ¿han salido de mi boca quejas o murmuraciones? ¿He maldecido a alguno de mis enemigos? ¿Le he hablado ásperamente? ¿Le he respondido con dureza? ¿Le he deseado el mal? Lejos de ello; ¿a quién no he compadecido, yo que he rogado por todos?

Del mismo modo, tú ten paciencia en el silencio y la paz; conserva la dulzura, sin murmurar ni querellarte. No combatas por ti misma. No respondas por ti. No te defiendas y no te excuses. Guarda silencio y confíame el cuidado de ti y de tu causa. Yo combatiré por ti y durante todo este tiempo, permanece unida a mí, sin turbación alguna, inmóvil en el silencio, pronta con el deseo a sufrir toda confusión por mi amor, antes que dejar escapar dentro de ti o al exterior la menor queja.

Hija mía, mientras te parezca que recibes injurias o que recibes tratamientos indignos y que te hacen injusticia, no habrás alcanzado la verdadera paciencia ni el conocimiento de ti misma. Marcha, pues, con gozo e intrepidez delante de toda adversidad: ofrécete a mí para sufrir, para padecer necesidades y trabajos, y para soportarte como yo lo quiero. Mira como perdido el día en que no has experimentado o sufrido alguna cruz particular. Si conocieras la grandeza del fruto de la paciencia, mostrarías una gran reverencia, un gran reconocimiento a aquellos que te hacen sufrir. Considera, hija, cómo yo, el Cordero sin mancha, manifesté siempre un Corazón manso y siempre tranquilo a aquellos que me ultrajaban, me flagelaban y me crucificaban; yo los excusaba y rogaba por ellos.

Fuente: Lecturas de Maitines – Ciclo «C» – 10 de agosto: San Lorenzo, mártir – lecturas 5 a 8 (Cartuja San José 2020)

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6 de julio: Santa Rosalina (monja cartuja)

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Hoy celebramos a la santa cartuja Rosellina de Villeneuve pues el 6 de julio de 1894 tuvo lugar el último traslado de sus reliquias. Si son pocos los santos que la Orden Cartujana proclama, en proporción son menos las monjas que llegan a la canonización. Hija de Giraud de Villeneuve, señor de Arcs, Rosalina nace en 1262 en el castillo de Arcs-sur-Argens, en la Provenza, Francia. Ya desde su infancia, Rosalina sobresale por su caridad y su gran amor hacia los pobres.

Cuentan las crónicas que las provisiones de pan en su casa paterna desaparecían rápidamente, pasando por las manos de Rosalina a las de los pobres; por lo que la servidumbre bajo cuya custodia estaban aquellos alimentos, denunció al padre lo que parecía una prodigalidad. Éste, gozoso de descubrir tan hermosa virtud en su hija, quiso ponerla a prueba. Un día en que los pobres se agrupaban a las puertas del castillo acuciados por el hambre, Rosalina llenó su falda de pan y corrió presurosa hacia ellos. Su padre, cortándole el paso con aparente severidad, le preguntó sobre lo que llevaba en la falda. «Oh, padre mío», respondió ella, «son rosas que acabo de cortar». Y extendiendo la falda mostró dichas rosas a la vista atónita del padre, el cual, guardando estas cosas en su corazón, ordenó a la servidumbre: «en adelante dejadla hacer». Es por este prodigio que en las imágenes de la santa se la representa con rosas.

Altar de la Capilla Santa Rosalina en la iglesia de su ciudad, Arcs en Provence,
con su imagen en primer plano.

Durante la adolescencia, peregrina junto con su hermano a la Abadía de l’Ile de Lérins. El encuentro con el Padre Abad será determinante para su vocación religiosa. En efecto, unos años más tarde renuncia al mundo para consagrarse a Dios como religiosa en la Orden de la Cartuja.

Rosalina comienza su vida monástica en la cartuja de Saint-André-de-Ramières, diócesis de Gap (Vaucluse), casa a la que se había trasladado a principios del S. XIII la primera comunidad de monjas cartujas, la de Prébayon; posteriormente terminará su noviciado en la cartuja de Bertaud, en la misma región.

Convento Celle-Roubaud 1260-1420

Cinco años después de su Profesión religiosa, hacia 1285, como respuesta a los ruegos de su anciana tía Jeanne de Villeneuve, primera priora de la cartuja de Celle-Roubaud, cerca de Arcs-sur-Argens, se desplaza hasta allí; es en esa casa donde discurrirá definitivamente su existencia de monja contemplativa.

Imagen de la santa revestida con estola y manípulo por su diaconado.

Su vida transcurre santamente, plena, muy incardinada en su tiempo. Hacia 1300 sucederá a su tía en el gobierno del monasterio, permaneciendo en el cargo de priora hasta 1325. Su personalidad irradiaba tanto dentro como fuera del monasterio, influyendo notablemente en los señores laicos y dignatarios eclesiásticos, y a través de ellos, en los acontecimientos locales de su época. Atrae las bendiciones de Dios hacia su monasterio y hacia su propia persona, y se le atribuyen algunos milagros, entre ellos la curación de ciegos, cosechas abundantes, y la liberación de su propio hermano, el caballero Hélion, hecho prisionero durante las Cruzadas.

Murió el 17 de enero de 1329, casi a la edad de 67 años. Exhumada cinco años más tarde se la encontró intacta, con unos ojos tan vivos y brillantes como cuando estaba viva. Su cadáver se conserva hasta hoy incorrupto, y en la actualidad es venerado en un relicario en la iglesia de su ciudad, Arcs en Provence, junto con el relicario que contiene sus ojos. Su pleura, también incorrupta, se conserva en el monasterio de la Gran Cartuja.

Cuerpo incorrupto de la santa expuesto para su veneración

En la diócesis de Toulon-Fréjus el culto popular hacia ella se ha mantenido ininterrumpidamente y sigue aún hoy en vigor. Es la primera santa cartuja canonizada, modelo de perfección de virtudes cartujanas, de humildad, pureza, espíritu de oración y caridad.

Relicario con sus ojos

Oración:
Señor Dios, por tu amor, Santa Rosalina
desdeñó los halagos que lisonjeramente le
ofrecía el mundo para pertenecerte sólo
a ti; concédenos, como ella, despreciar
los bienes del mundo, para participar con
alegría de las riquezas celestiales.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Fuentes:

25 de junio: Beato Juan de España

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Hoy se conmemora al beato Juan, llamado «el hispano», monje, que escribió los primeros estatutos para las monjas de la Cartuja.

El beato nació en 1123, probablemente en Almanza, en León, España. Fue un joven estudioso y, a la edad de trece años, viajó a Francia con un compañero, en busca de las facilidades para su educación que no podía encontrar en su ciudad natal ni en los alrededores. Los dos jóvenes se establecieron en Arlés, donde encontraron excelentes maestros pero a costa de pasar grandes miserias. Sin embargo, no pasó mucho tiempo sin que Juan quedase favorecido por la amistad de un hombre rico que, incluso, lo llevó a vivir en su casa. Al terminar los estudios, Juan se despidió de su generoso amigo y se unió a un ermitaño, con quien estuvo dos años y medio en el aprendizaje para el ejercicio de la vida espiritual. Después consiguió ser recibido en el priorato de los cartujos de Montrieux, y, desde el momento en que ingresó al noviciado, se dedicó con entusiasmo a seguir los pasos de san Bruno. Durante seis años desempeñó el cargo de sacristán y, poco después, se le eligió como prior. Con la autoridad de su puesto dio gran impulso a la cultura en su convento y él mismo se dedicó a copiar y a corregir manuscritos.

Las monjas del monasterio de Prébayon, en los alrededores, que seguían las Reglas de San Cesáreo de Arlés y de San Benito, quedaron tan impresionadas por el fervor de Montrieux bajo la dirección de Juan, que pidieron ser admitidas en la Orden Cartuja, que hasta entonces estaba formada sólo por monjes. El prior de la casa madre, la Gran Cartuja, y superior general de la orden, San Antelmo, lo autorizó. Pidió a Juan que adaptara a las monjas las Consuetudines de Guigo, que eran la Regla Cartujana en aquella época. Así lo hizo y este fue el comienzo de la rama femenina de la Orden. Era el año 1145.

Diversas dificultades en Montrieux hacen que Juan se retire del priorato y se traslade a la Gran Cartuja en 1150, donde fue recibido por San Antelmo. Cuando Aymón de Faucigny pidió el envío de algunos cartujos para hacer una fundación en uno de sus terrenos, cerca del lago de Ginebra, san Antelmo eligió a Juan para que fuese el prior del nuevo establecimiento. Hubo muchos contratiempos para que empezara a funcionar, pero una vez establecido, floreció extraordinariamente. El prior Juan llamó a su monasterio el «Reposoir» (descanso), por el ambiente de tranquilidad que prevalecía en él.

Estando en su nuevo monasterio se dedicó durante varios años a copiar para las monjas los libros litúrgicos en uso en la Cartuja. Fue probablemente durante el segundo Capítulo General, en 1155, en el que participaba como prior de la cartuja de Reposoir, cuando contribuyó también a la ratificación de la afiliación de las monjas a la Orden. Sin duda, ha jugado un papel decisivo en la adquisición por parte de las monjas de la tradición iniciada por San Bruno.

Luego de gobernar la comunidad del Reposoir durante nueve años, el beato Juan murió, hacia el 1160. Por expreso deseo suyo fue sepultado junto a dos pastores que perecieron durante un alud de nieve y a quienes él mismo había enterrado. Sobre su tumba se erigió una capilla, pero en 1649 se trasladaron sus restos a la sacristía de la iglesia del monasterio. Esta traslación se practicó por orden de Carlos Augusto de Sales, obispo de Ginebra y sobrino de san Francisco de Sales; el propio obispo redactó la orden de traslación y le agregó un relato sobre la manera como se desarrolló el acto, así como una breve narración sobre la vida de Juan. Ese escrito se conserva todavía. Su culto confirmado en 1864 por el Papa Pío IX.

Oración:

Tú suscitaste, Señor, al beato Juan de España

para ayudar a las vírgenes de Cristo en

la búsqueda de su vocación;

concede la caridad perfecta a cuantos

hemos abrazado generosamente

la vida monástica. Por Cristo Nuestro Señor.

Amén.

Cartuja de Reposoir. Hoy es un monasterio de monjas carmelitas.

Fuentes consultadas:

  • Vidas de los santos, de Alban Butler.
  • Santos y beatos de la Cartuja, de Juan Mayo Escudero.