Iconografía de San Bruno: la rama de olivo y el salmo 52 (51)

Una de las muestras más antiguas de la iconografía de San Bruno, fundador de la Orden de la Cartuja, es la que muestra al santo con una  la rama de olivo. Otros de los símbolos que porta en mucha de su iconografía es una cruz arborescente, símbolo de fe y de penitencia, ante ella  la contempla extasiado; algunos autores la asocian a ramas de olivo también.

Según la autora López Campuzano, la imagen más antigua de San Bruno portando este símbolo se encuentra entre las xilografías de Woensanu para los libros  Sancti Brunonis y Sermtí di Luneto Brunote, escritos en 1516 por el prior Dom Petras Blomevenna (cartuja de Santa Bárbara de Colonia).

Además de la rama de olivo lleva un libro abierto en donde se lee parte del salmo 52 (51). La autora comenta: «debe entenderse como la presencia de San Bruno en la Iglesia, dando permanentemente frutos de santidad por sí y por medio de su Orden».

  «Ego sicvt oliva frvctifera in domo dei»

(Yo seré como olivo fructífero en la casa de Dios)

(Ps. 52, 10)

Vita Sancti Brunomis (1516). Xilografía de Woensam. Una de las representaciones más antiguas conocidas de San Bruno (porta una rama de olivo)

Vita Sancti Brunomis (1516). Xilografía de Woensam. Una de las representaciones más antiguas conocidas de San Bruno (porta una rama de olivo)

Ayer se inauguraba la cuaresma, tiempo de penitencia y preparación para pasión y muerte de Cristo y su resurrección, verdadera razón de la fe católica, en donde se asienta sus cimientos.

Meditemos el salmo 52: El amor de Dios dura por siempre

Del maestro de coro. Poema de David.
Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl, diciéndole: “David ha entrado en casa de Ajimélec”.

¿Por qué te jactas de tu malicia,
hombre prepotente y sin piedad?

Estás todo el día tramando maldades,
tu lengua es como navaja afilada,
y no haces más que engañar.

Prefieres el mal al bien,
la mentira a la verdad;

Amas las palabras hirientes,
¡lengua mentirosa!

Por eso Dios te derribará,
te destruirá para siempre,
te arrojará de tu carpa,
te arrancará de la tierra de los vivientes.

Al ver esto, los justos sentirán temor
y se reirán de él, diciendo:

“Este es el hombre
que no puso su refugio en Dios,
sino que confió en sus muchas riquezas
y se envalentonó por su maldad”.

Yo, en cambio, como un olivo frondoso
en la Casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia del Señor.

Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles.

López Campuzano, Julia. Aportaciones a la iconografía de San Bruno.

La imagen de San Bruno de la hospedería cartuja El Paular en Madrid

El portugés Manuel Pereira (1588-1683) fue un escultor barroco que, afincado en España, realizó grandes obras de gran reconocimiento. Sus figuras fueron de canon alargado, de expresión sobria y de sereno patetismo… típico del Barroco; evitando el gesto desgarrado y la crudeza en las expresiones. Tallas de volúmenes amplios y pliegues secos y quebrados, fueron sus prototipos.

A este escultor no se le conocen retablos asociados a sus esculturas, ni tampoco relieves o decorados… sólo las tallas, ya fueran en madera, piedra o alabastro. Una de las más conocidas fue la talla en madera de San Bruno para la Cartuja de Miraflores en Burgos.

Existe otra menos conocida, también de San Bruno, pade fundador de la Orden de la Cartuja. Ésta no fue exculpida en madera, sino en la sóbria piedra. Se encontraba en Madrid, en la calle Alcalá, en la fachada de la que fuera la hospedería que los cartujos de El Paular (Sierra de Guadarrama – Madrid) tuvieran en la capital del reino, de ahí el material pétreo y duradero.

San Bruno en piedra, de Manuel Pereira

San Bruno en piedra, de Manuel Pereira

La talla en piedra maciza fue esculpida en 1652, cuando Pereira tenía unos 65 años. Se considera por los expertos la mejor talla del siglo XVII de Madrid.

Detalle. Manuel Pereira

Detalle. Manuel Pereira

Llegada la desamortización de Mendizabal en 1836, los cartujos sufren la perdida de parte de su patrimonio, en este caso  la cartuja de El Paular y  la citada hospedería madrileña que pronto fue derribada. La imagen de la fachada fue llevada a la Academia de Bellas Artes de San Fernando; hoy visitable en su museo, situado en la calle Alcalá 13 de Madrid. Para visionar la imágen pinchar AQUÍ.

La leyenda cuenta que el rey Felipe IV de Austria (1605-1665), apodado como el Grande o el Rey Planeta, mandaba parar su carruaje ante esta imagen para contemplarla y/o rezar un momento.

Felipe IV

Felipe IV

Reflexiones de un cartujo sobre la muerte: La danza de la muerte o La danza macabra

Escribió Jorge Manrique hacia 1476:

 Recuerde el alma dormida

avive el seso y despierte

contemplando

como se pasa la vida

como se viene la muerte,

tan callando;

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquier tiempo pasado,

fue mejor.

Eran las Coplas por la muerte de su padre, una elegía que recordaba a los humanos que la muerte llega… para todos. Ricos y pobres, poderos y humildes, ancianos y niños… todos serán tocados por el dedo de la muerte en algún momento, inesperado en muchos casos. A nadie se le perdona ese trance.

¡A morir venimos! Esta es una realidad inexorable. Los monjes  cartujos siempre lo han tenido claro, el tiempo que se pasa en este plano terrenal ha de servir para caminar hacia el Señor, para alcanzar su Gloria. Ellos no están tristes por la muerte. Es el paso a la eternidad, para estar bajo la Luz de Dios. Para alabadle junto a Él.

Vive pensando que el tiempo es fugad, estate atento, aprovéchalo.

Si pensamos con visión histórica, hacia la Edad Media, la muerte era algo diario y común en casi todas las familias y comunidad. La peste, el cólera, epidemias…  enfermedades que a todos alcanzan. El sentir popular pronto se hizo notar y apareció la famosa: Danza de la Muerte o Danza Macabra.

La sociedad primero las manifestó con coplas orales, luego con literatura y teatro, y finalmente con el arte… el cómo la muerte alcanza a todos con independencia de su estado, condición o posesión terrenal.

La representación más antiguas que se conoce, hoy desaparecida, databa de 1424; era una pintura mural en el cementerio de los Santos Inocentes de París. Allí se veía la muerte (esqueletos o cadáveres putrefactos) bailando con vivos de distintas clases o estamentos sociales, muchas veces se podía ver o notar el diálogo entre ambos.

El encuentro entre vivos y muertos era habitual. Los fallecidos advertían que cambiaran su modo de vida, tenían que dejar las malas costumbres y pecados. La muerte llegaría un día y los alcanzaría como antes les ocurrió a ellos.

La Danza macabra del cementerio de los Santos Inocentes de París, es una representación casi teatral. La muerte dialoga con vivos antes de llevárselos. El Papa, el emperador, el rey, el patriarca, el caballero, el escudero, el franciscano, el labrador, el niño… todos conversan con ella en algún momento. El cartujo también lo hace.

Numerosas son las publicaciones que han visto la luz sobre estos diálogos. Traemos aquí el ocurrido entre la Muerte y el monje cartujo después de haber hablado con el mercader:

La muerte

Andad, mercader, no dilatéis,
no me resistáis más.
Nada os queda por obtener.
Uníos también vos, cartujo,
hombre de abstinencia:
soportadla pacientemente,
lucíos en la danza,
no penséis en vivir más.
La muerte vence a cualquiera.

El cartujo

Tiempo atrás, para el mundo, yo ya he muerto;
he aquí el por qué mis deseos de vivir son menores
toda vez que los hombres temen a la muerte.
Cuando mi carne sea vencida
pido a Dios que mi alma liberada
vaya al cielo después de fenecer.
Esta vida es un vacío miserable.
Tal vive ahora el que mañana no vivirá más.

Grabado que representa a la muerte llevándose a un sargento (derecha) y a un cartujo (reconocido por la característica cogulla). La Danse macabre (París, 1486)

Grabado que representa a la muerte llevándose a un sargento (derecha) y a un cartujo (reconocido por la característica cogulla). La Danse macabre (París, 1486)

Para los que quieran leer una publicación entera, la biblioteca virtual Miguel de Cervantes nos facilita un facsímil de 1864. Es el original de La danza de la muerte en Poetas castellanos anteriores al siglo XV, colección hecha por Tomás Antonio Sánchez.

Leyendo el diálogo sólo me viene a la mente el poema de Santa Teresa Vivo sin vivir en mí, en el que anhela la muerte para llegar al Señor y alcanzar así la plenitud en la Paz y en la Gloria:

 ¡Ay, qué larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros,

esta cárcel, estos hierros

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

  La fugacidad de la vida siempre ha estado presente en la Historia de la humanidad. Tema importante en las meditaciones diarias: Memento mori decían los romanos, recuerda que morirás. Una vez me dijeron: “Medita en la eternidad y tus problemas se harán pequeños e insignificantes”. En la actualidad la frase romana se convirtiria en esta meditación: Si supieras que morirías mañana… ¿no vivirías lleno de bondad, amor y gratitud hacia el prójimo?

Danza macabra en la iglesia de San Nicolás en Tallin

Danza macabra en la iglesia de San Nicolás en Tallin

San Bruno, padre fundador de la Orden de la Cartuja. Grabado del s. XVIII

La plancha original de este grabado se hizo en Castellón durante el siglo XVIII. Fue el obispo de la diócesis de Segorbe, el salmantino don Pedro Fernández Velarde, quien la autorizó durante su obispado allí, concretamente entre  1751 y 1757. Dice así la indulgencia parcial de 40 días que concedió:

 “El Mº Sº Dº Pedro Fernandez Velarde concede 40 días de Indulgencia

a quien rezare un Padre nuestro delante esta sª Imagen del Patriarca Sª Bruno

San Bruno. Grabado barroco del s. XVIII

San Bruno. Grabado barroco del s. XVIII

Las estampas resultantes de esta plancha, cuya huella es de 14’5 x 20’2 cm, estaban destinadas a la Cartuja de Vall de Crist en la Real Villa de Altura, en Alto Palencia, Castellón. Cartuja fundada en el año 1383, una de las más antiguas, hoy en estado de abandono y ruina. Allí moraron personajes importantes, tales como San Ignacio de Loyola, Bonifacio Ferrer o Benedicto XIII (antipapa conocido como el Papa Luna en la obediencia de Avinón).

El pintor elegido para abrir esta lámina a buril fue el segorbino José Camarón Boronat (1731-1803). Pintor barroco que en sus inicios copió a maestros de la talla de Tiziano, Rubens, Van Dyck o Murillo entre otros.

Grabó una plancha con un joven San Bruno en oración junto a sus principales atributos (más allá de la típica cogulla), casi todos sustentados por ángeles. El primero muestra el libro que simboliza, como fundador que es, la Regla de la Orden de la Cartuja, con un flagelo debajo símbolo de la penitencia y asperezas de la vida elegida. El segundo, que parece conversar con el primero, porta la calavera típica de todos los eremitas y penitentes, ya que representa la fugacidad de la vida, lo perecedero… es un memento mori (“recuerda que morirás” y no te llevarás nada, “no seas superficial” viene a decir) El tercer ángel sujeta la cruz patriarcal, símbolo de Padre fundador de la Orden, junto a la mitra que le renunció al Papa Urbano II, pues él sólo deseaba la soledad del desierto, despreciando así las jerarquías y poderes terrenales.

Detalle

Detalle de la conversión de S. Bruno

También aparecen varias escenas de su vida. Una de ellas es la conversión de San Bruno ante el cadáver de Raimundo Diocres en 1082, quien habló durante su funeral advirtiendo que Dios lo había juzgado y condenado por sus pecados. Otra de las escenas que aparecen es el sueño de San Hugo, obispo de Grenoble, en un especie tienda de campaña; aquel sueño le advirtió de la llegada de San Bruno y sus compañeros para fundar la Orden de la Cartuja, que se aprecian junto a él en el grabado.

Detalle

Detalle del sueño de San Hugo

El Niño de la espina y la Vita Christi del cartujo Ludolfo de Sajonia

Existe una obra no expuesta en el Museo del Prado de Madrid que aunque no haga referencia directa a la Orden de los Cartujos, sí guarda una estrecha relación.

Desde el más puro formalismo, se trata de un óleo sobre lienzo, pintado a finales del siglo XVII en España; por lo que si nos fijamos bien ya se aprecia perfectamente el estilo barroco. Fue una obra que perteneció a la marquesa viuda de Cabriñana y que donó, según consta en el museo, en el año 1894. Número de catálogo P01318.

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El Niño de la espina. Anónimo.

Este marquesado cordobés fue creado por Felipe V mediante carta real el 5 de abril de 1706. Han existido 12 descendientes directos que han ostentado el título de Marqueses de Cabriñana del Monte.

Pero no queremos referimos en particular al cuadro como objeto, sino a la temática. Se trata de una obra anónima titulada El Niño de la espina, en donde se puede ver al Niño Jesús observando una gota de sangre salir de su dedo tras haberse pinchado con una espina de la corona ante la que se encontraba meditando. Corona de espinas anacrónica, testimonio de la futura pasión y muerte del Redentor.

Como hemos dicho, la relación con la Orden viene correspondida por este tema iconográfico del lienzo: el Niño Jesús con apenas unos años ya tiene un objeto “premonitorio” de su pasión con 33 años, se adelanta de esta manera simbólicamente a su futuro. Fue un motivo pintado por muchos autores cristianos en época barroca, entre ellos Zurbarán, y que viene narrado por primera vez en la obra Vita Christi del cartujo Ludolfo de Sajonia o Rudolfo el Cartujano.

El Niño y la espina

El Niño de la espina según Zurbarán, 1630. Museo de BB.AA. de Sevilla.

La cartuja de Santa María de la Cuevas en Sevilla, situada en Isla de la Cartuja, quiso tener un cuadro con esta temática tan cartujana, de este modo se encargó a Francisco Zurbarán que pintara la obra basándose en el libro de Rudolfo (imagen superior). Mientras existió vida religiosa en esta cartuja, ésta atesoró obras de este autor que rompían con los esquemas a los que en la actualidad nos tiene acostumbrados. Tenían arcaísmos o particularidades propias del deseo de sus clientes. Recogemos un comentario de la obra: «Recogido en el interior de una sala palaciega, el joven anuda ramas de espinos para confeccionar una corona. Una de las espinas le ha pinchado y él parece reflexionar sobre el dolor que le espera, simbolizado en esta corona. Destacan por su calidad pictórica dos elementos del lienzo: por un lado, la túnica llena de pliegues acusados y con aspecto de pesar enormemente.»

Otra versión anónima

Otra versión anónima

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Distinta versión

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Otra versión utilizada como imagen para un sello de Colombia

Dom Manuel Bayeu y Subías, cartujo

Dom Manuel Bayeu y Subías, fue cartujo en Nuestra Señora de las Fuentes y en Valldemosa, del que ya hicimos referencia en la entrada sobre la Basílica del Pilar en Zaragoza. En esta ocasión profundizaremos un poco más sobre él.

Autorretrato del cartujo Manuel Bayeu

Autorretrato del cartujo Manuel Bayeu

Este monje zaragozano, nació en 1740 dentro de una notable familia de pintores. En este mismo arte también destacaron sus dos hermanos: Francisco y Ramón Beyeu.

El mayor, Francisco Bayeu (1734-1795), simultaneó los estudios de latín y escolástica para luego iniciarse en Zaragoza en el aprendizaje del dibujo bajo la dirección del pintor Juan Andrés Merklein. Pasará a ser la gran figura artística de la corte y años después, su hermana Josefa Bayeu, se casaría con Goya (1746-1828). Francisco, a la sazón su cuñado, sería quien introdujo a éste en la Corte.

Retrato de Francisto Bayeu por Goya

Retrato de Francisto Bayeu por Goya

Su otro hermano, Ramón, (1746-1793), se formó artísticamente bajo la dirección de su hermano. En 1764 se fue a Madrid y allí ingresaría en la Academia de San Fernando, al año siguiente consiguió que Mengs lo aceptara para realizar cartones para tapices en la Real Fábrica. En 1766 obtiene el primer premio de pintura de la Academia de San Fernando, al que también concursó, aunque sin éxito, Goya.

El hermano pequeño, Manuel Bayeu y Subías, pasó su infancia y juventud en Zaragoza, donde recibió estudios religiosos y se formo, junto a sus hermanos en la pintura, principalmente en el taller del afamado José Luzán, primer maestro de Goya, quien tenía un importante taller en Zaragoza. Fue también promotor de la Academia de Bellas Artes de esta ciudad así como revisor de las pinturas del Santo Oficio.

Dom Manuel Bayeu dejó numerosas obras de caballete y al fresco. Con 17 años, en 1757, decidió ingresar en la Orden de la Cartuja, siendo la Cartuja de Aula Dei la primera por las que él anduvo.

San Bruno

San Bruno

Pronto pasó  a la Cartuja de Nuestra Señora de la Fuentes (Huesca), el 3 de diciembre de 1760. Allí profesó como cartujo el 29 de junio de 1772, con 32 años. Fue el lugar dónde Manuel Bayeu recuperó los pinceles y empezó a pintar temas religiosos como complemento a su vida espiritual.

Su pintura es barroca, y a poco que uno se fije lo puede percibir: los colores, el tenebrismo, la temática… Es curioso que cuando llegan a España corrientes nuevas, tales como el Rococó o Neoclásicismo, Manuel siga pintando con un estilo que podríamos llamar obsoleto para aquel momento, es decir sin adaptarse a las nuevas modas o corrientes artísticas que imperaban en todos los círculos artísticos… Pero es fácil su explicación, pues como cartujo que era, la observancia de la Regla en la soledad de la Cartuja, lo dejaba un tanto aislado de estas nuevas tendencias, viviendo como en una cápsula atemporal, y sólo practicando lo que una vez aprendió.

La pesca milagrosa

La pesca milagrosa

En aquella cartuja de Monegros, en la provincia de Huesca, pintó diecisiete lienzos sobre la vida de San Bruno (hoy en el Museo-Colegio de Santiago de Huesca). Entre otras obras decoró al fresco el presbiterio de la catedral de Jaca, pintó una serie de retratos de abadesas en los muros del salón del trono del monasterio de Sigena (desaparecidos en 1936), decoró con siete lienzos la sacristía de la iglesia de San Gil en Zaragoza, y hacia 1800 realizó dos grandes cuadros, San Hugo rechazando la tiara pontificia y Santa Rosa, para la iglesia de San Fernando de Zaragoza, posiblemente sus obras más logradas. También hay algunos cuadros atribuidos a Manuel en la Catedral de Huesca, y en Zaragoza se encuentra todavía hoy obra dispersa en distintas iglesias, aunque mucha de ella desapareció. Si nos fijamos en Cataluña, se encuentra obra suya en la cartuja de Scala Dei.

Frescos en la cartuja de las Fuentes

Frescos en la cartuja de las Fuentes

Frescos en la cartuja mallorquina de Valldemosa

Frescos en la cartuja mallorquina de Valldemosa

Frescos de Manuel Bayeu

Catedral de Jaca (1792)

Catedral de Jaca (1792)

Catedral de Jaca (detalle)

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Santa Lucía

Santa Apolonia, detalle del fresco.

Santa Apolonia, detalle del fresco.

En 1806, la Orden decide que se traslade a la cartuja de Valldemosa en Mallorca con la finalidad de que decore la iglesia de ésta. Durante estos años mantendrá amistad y correspondencia con Jovellanos. Recordemos que éste fue un escritor, jurista y político ilustrado español, al que desterró Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV entre 1792 y 1797, y nuevamente de 1801 a 1808. Primero fue enviado a esta cartuja, de ahí que se convirtiera en amigo y crítico pictórico de dom Manuel, para luego pasar a la prisión del castillo de Bellver (los biógrafos dicen que es el momento donde aumentan sus problemas físicos pero también su religiosidad, posiblemente los cartujos y en especial su amigo, tuvieran que ver).

Gaspar Melchor de Jovellanos

Gaspar Melchor de Jovellanos

En el Museo del Prado Se conserva la correspondencia epistolar entre él y el íntimo amigo de Goya, el ilustrado Martín Zapater (1747-1803).

En 1807 volverá a su cartuja de Las Fuentes, donde falleció en 1809 a la edad de 69 años.

Cartuja Nuestra Señora de las Fuentes (Huesca)

Cartuja Nuestra Señora de las Fuentes (Huesca)

Bibliografía entre otros:
MORALES Y MARÍN, J. L.: Los Bayeu. Zaragoza: Instituto Camón Aznar, 1979.

San Bruno en las pinturas murales de la catedral de Albacete

Si la catedral de San Antolín de Palencia tiene ganado y bien merecido el sobrenombre de la “Bella desconocida”, la catedral de Albacete también se merece un pequeño trato similar. Es cierto que como catedral es relativamente reciente por lo que no alberga mucha historia o ricos monumentos dentro de sus muros, pero sí muchas curiosidades que la hacen digna de ser visitada y admirada…

Esta pequeña catedral de provincia tiene algo que llama al visitante: sus pinturas murales. Fueron encargadas por el primer obispo de la diócesis, el Excmo. y Rvdo. Sr. Dr. D. Arturo Tavera, al sacerdote Casimiro Escribá, natural de Ayora (Albacete) en 1958. Los 975m2 de lienzo fueron terminados a finales del 1962.

Catedral de Albacete

Catedral de Albacete

En las pinturas se aprecian un sinfín de personajes, unos del Antiguo y del Nuevo Testamento, otros de manera más accidental por ser hombres y mujeres virtuosos que pasaron a la santidad. Decía el propio Casimiro de su obra: “Debe llevar consigo la propiedad accidental de la predicación y ser libro abierto, historia y escritura silenciosa en que, en ese universal idioma de la representación pictórica, puedan leer los doctos como los ignorantes […]” .

En lo que refiere a este blog afín a la Orden de los Cartujos, nos hemos de fijar en el segundo gran plano de la izquierda en dirección al presbiterio (lado del Evangelio), llamado La Redención: gran misterio del amor de Dios. Dividido en dos mitades, en la superior  se pueden ver los dos sacramentos que son necesarios para la redención: el del bautizo a la izquierda (representa al apóstol Felipe bautizando al eunuco en Hechos cap. VIII) y el de la penitencia a la derecha, con el trasfondo de Jesús entregándole las llaves del reino al apóstol Pedro como símbolo de la institución de este sacramento (Mateo 16, 19).

La parte inferior, más rica si cabe, está llena de anacronismos como al igual que casi toda la obra pictórica de la catedral.  Preside el Calvario, “todo se ha consumado”, con la imagen de Jesús muerto e inclinado hacia la humanidad como símbolo de AMOR. La tierra está cubierta de tinieblas exceptuando un gran resplandor que significa la Nueva Ley del Amor. En el fondo Jerusalén con el disco del sol que asoma brillante sobre la tierra, supone la abrogación de la antigua Ley.  A los pies están representados los santos y bienaventurados que partieron del mundo en la amistad y amor de Dios. Se pueden apreciar en el centro: San Jerónimo, San Agustín, San Juan de Dios,Sto. Domingo Savio, Moisés, Abraham… una madre y un hijo, niños… Al fondo se ve a San Luis Gonzaga, San Pedro de Alcántara, San Lorenzo, San Juan Crisóstomo…

En la parte de la derecha se aprecia a San Francisco de Asís, San Carlos Borromeo y San Vicente Mártir entre otros.

En el grupo formado en el ángulo izquierdo destaca en primer plano, entre algunas religiosas, el fundador de la Orden de los Cartujos, San Bruno, religioso modelo de amor contemplativo,  alegría y de buenas obras, ataviado con la característica cogulla cartujana.

Detalle de San Bruno (ángulo inferior izquierdo)

Detalle de San Bruno (ángulo inferior izquierdo)

ESCRIBÁ,C.: Las pinturas murales de la Catedral de Albacete. Almansa: Hijo de Antonio Molina, 1962.