Corpus Christi desde la Cartuja de Scala Coeli en Évora

 

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       Pange, lingua, gloriosi     
    Córporis mystérium
    Sanguinísque pretiósi,
    Quem in mundi prétium
    Fructus ventris generósi
    Rex effúdit géntium.
—–
Canta, oh lengua,
el misterio del Cuerpo glorioso
y de la Sangre preciosa
que el Rey de las naciones
Fruto de un vientre generoso
derramó en rescate del mundo.

(Sto. Tomás de Aquino 1225-1274)

Desde el siglo XIII se ha venido celebrando la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo para proclamar y aumentar la fe de los católicos en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar,
la Pura y Limpia Concepción de María Santísima,
concebida sin mancha del pecado original.

Los cartujos, desde la soledad a la que un día fueron llamados, celebran tan señalada fecha intramuros; desde el silencio, la austeridad y el recomiento. Luiz Carvalho gravó el 6   de junio de 2007 en la cartuja de santa María de Scala Coeli en Évora (Portugal) la celebración del Corpus Christi y la posterior procesión por los centenarios claustros monacales.

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El portulano de Macià de Viladestes: patrimonio cartujano disperso

La Cartuja de Vall de Crist, fue la quinta que se fundó en la península, concretamente en Villa de Altura, cerca de Segorbe, en la provincia de Castellón.

Fue en 1385 gracias al infante Martín de Aragón, quien consiguió bula papal de Clemente VII. Se mantuvo como centro eclesiástico más de seis siglos, siendo un gran centro espiritual donde personajes de la talla de Bonifacio Ferrer, San Ignacio de Loyola o el antipapa Benedicto XIII se dieron cita.

Tras la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, que provocó su abandono, la cartuja entró en tal fase de declive que su estado actual es ruinoso, apenas quedando algún maltrecho edifico.

Algunos de sus objetos muebles fueron salvados, otros vendidos o expoliados… el claustro lo adquirió la ciudad de Segorbe con el que construyó de aquellas un lavadero; las puertas y retablos se fueron al museo de Altura; el altar mayor está en la iglesia de San Miguel de este municipio; el brocal de su pozo en la Avda. Agustín Sebastián…

De entre las joyas que tenía esta cartuja se encontraba su biblioteca. Cuando la exclaustración contaba con 1349 volúmenes, siendo dos las grandes joyas: el Códice de la Sentencia del Compromiso de Caspe, con el Proemio y Conclusión, redactado por Don Bonifacio Ferrer (hermano de San Vicente Ferrer). Se trata de un original, de los tres que se hicieron, que aquel se trajo a la Cartuja de Vall de Cristo.

La otra joya era una carta hidrográfica plana, muy comentada por los intelectuales y especialistas. Don Joaquín Lorenzo Villanueva habló de ella en su Viaje literario. El Portulano de Mecià de Viladestes es una carta náutica de 1413: Mecià de Viladestes me fecit in ano MCCCCXIII; una joya de pergamino iluminado entre mapas y planos, ilustrada con bellos dibujos. El autor, un judeo-converso catalán, representó a Europa con sus rutas comerciales trans-saharianas, un documento importantísimo para la época.

Portulano

Portulano en piel de Mecià de Viladestes

Cuando los monjes tuvieron que desprenderse de la cartuja en general también lo hicieron de este portulano en particular. Tras muchos avatares éste llegó a París, donde se conserva en la actualidad, concretamente en la Biblioteca Nacional de Francia.

Detalle:

Detalle: Pesca de ballena

Detalle: Península Ibérica

Detalle: Península Ibérica

Detalle:

Detalle: Arabia y la Meca

 

Info: Asociación Cultural Cartuja de Valldecrist

El sueño de San Hugo

San Hugo, obispo de Grenoble (Francia), fue discípulo del Padre fundador de la Orden: San Bruno.

San Hugo (a la izquierda) como co-fundador de la Orden

El obispo San Hugo  (a la izquierda) porta una iglesia como símbolo de co-fundador de la Orden

Hugo nació en Châteauneuf-sur-Isère hacia el año 1053. Estudió en Rrims, al noreste de Francia, allí conoció a San Bruno como profesor suyo. Con el paso del tiempo fue nombrado canónigo de Valence y después obispo de Grenoble entre los años 1080 y 1132, hasta que muriese con 79 años tal día como hoy, 1 de abril.

La vida de San Hugo siempre está asociada a la Orden de la Cartuja. Fue en el año 1084 cuando recibió a San Bruno con sus seis compañeros en su diócesis con la intención de retirarse del mundo. Aquellos siete monjes fundarían la Orden, cuyo fin principal sería la alabar a Dios en la soledad: la contemplación.

Cuenta la leyenda que San Hugo tuvo un sueño premonitorio de aquella visita. Soñó que siete estrellas en el firmamento (símbolo iconográfico muy habitual en la Orden), que representaban a los siete hombres que buscaban la soledad alpestre. Hugo los condujo por un laberinto de montañas escarpadas de su diócesis, hasta un desierto de rocas y de pinos, llamado Chartreuse (Cartuja). Ahí, construyeron cabañas de madera y un oratorio de piedra. Un pobre refugio de donde nació la Grande Chartreuse (Gran Cartuja). Desde hace unos 9 siglos, en ese mismo lugar, la Orden sigue viva iluminando el cielo como aquellas siete estrellas lo hicieran en el sueño de San Hugo.

San Hugo duerme junto a su mitra de obispo. Su sueño: siete estrella en el cielo

San Hugo duerme junto a su mitra de obispo. Su sueño: siete estrella en el cielo (pintura de Vicente Carducho)

Así fue como Hugo ayudó a fundar la comunidad eremítica de la Cartuja en aquellos parajes yermos e inhóspitos. Desde entonces éste siempre se asociaría al orden, representado con los hábitos episcopales y por debajo su casulla blanca.

Tras su muerte fue canonizado rápidamente, tan sólo dos años después de su muerte. Fue el 22 de abril de 1134 por el Papa Inocencio II.

Dibujos del s. XV sobre la fundación de la Cartuja: el sueño, la llegada de San Bruno y sus compañeros, la elección del lugar y la fundación (A Carthusian miscellany of poems, chronicles, and treatises... British Library)

Dibujos del s. XV sobre la fundación de la Cartuja: el sueño, la llegada de San Bruno y sus compañeros, la elección del lugar y la fundación (A Carthusian miscellany of poems, chronicles, and treatises… British Library)

La barba, símbolo de pobreza espiritual

A pesar de que hoy en día la barba se ha puesto de moda en muchas latitudes del continente, sí es cierto que antiguamente era símbolo de pobreza, pues no todos podían acceder a las barberías para rasurarse y sentirse elegantes y coquetos.

Monje cartujo. Pintado por Manuel Navarro López (1913-2004)

Monje cartujo. Pintado por Manuel Navarro López (1913-2004)

 Así es como la barba se fue instaurando como símbolo de pobreza espiritual dentro de los miembros de la iglesia. Pensemos en las Orden de los Capuchinos y sus monjes, que desde 1528 empezaron una reforma dentro de los franciscanos, distinguiéndose por una mayor pobreza y austeridad para dedicarse a una vida contemplativa; uno de los símbolos externos adoptados por ellos fue el de sus largas barbas. Recordemos a recientes capuchinos como fue el limosnero de Granada, el beato fray Leopoldo de Alpandeire, o al «Padre Pío», santo de la orden.

 Casi todas las órdenes monásticas de clausura tenían varias distinciones dentro de sus monjes (tras el concilio desaparecieron o se mitigaron): los llamados monjes de coro y los hermanos legos. Los segundos no tenían estudios teologales y por lo tanto no eran o son sacerdotes; se dedican, además de rezar como monjes que son, a tareas más corrientes y artesanas necesarias para el sustento de la cartuja (cocina, granja, huerta…) y así los padres se pueden dedicar de forma más íntegra a la contemplación y al estudio. Éstos, como dice el Cap. Segundo-Art. Primero de la Cartuja Scala Dei escrito en el s. XIX: «el lego se distingue del sacerdote en tres puntos, á saber: que afeita toda su cabeza [los padres se dejaban una “coronilla”] y conserva la barba, que la parte inferior de su escapulario termina por línea arqueada y que no tiene traba [la cogulla]».

Los legos en los monasterios marcaban por tanto más si cabe la pobreza de su condición con la barba. Eran conocidos también como fratres conversi, (hermanos conversos), laici barbati (laicos barbados), illiterati (iletrados) del hecho de que, en siglos anteriores, los hermanos legos no solían tener formación y por lo tanto no eran aptos para los estudios que los llevaran a una vida de monje de coro o de sacerdote.

 

La cartuja de Porta Coeli (Valencia) y el eclipse de sol de1905

El 30 de agosto de 1905 España sufría un eclipse total de sol.

Muchos científicos de otros países eligieron España para instalar sus observatorios y así ver el fenómeno. La trayectoria del eclipse también era visible en el Atlántico y norte de África, pero en España el tiempo de duración se estimaba en 3 minutos y 45 segundos, el mayor de todos los lugares posibles.

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La Ilustración Artística
28 de agosto de 1905

Entre las diversas pretensiones científicas que se intentaban lograr estaba el estudio de la corona solar y el descubrir nuevos astros próximos al sol. Científicos procedentes de París, Londres, Toulouse, Burdeos, Montpellier… se dieron cita para tales investigaciones, cada comisión se encargaría de un hecho: la de Burdeos estudiaría la constitución física y química de las envolturas del sol y la forma de las protuberancias solares (mediante fotografías directas y espectroscópicas), y la de Montpellier por ejemplo, la luz y la constitución de la corona solar, desde el punto de vista de la polarización.

Corona solar en 1905

Corona solar en 1905

El observatorio provisional de los ingleses se instaló en las proximidades de la Cartuja de Porta Coeli en Valencia, “posición admirable para las observaciones” según las crónicas de la época. De aquellas la cartuja había sido desamortizada a esta Orden y en aquel momento se había instalado el sanatorio del Dr. Moliner que ya se trató en otra entrada.

Allí, en la soledad que una vez eligieron los cartujos, alejados de luces, ruidos y demás atropellos los ingleses instalaron el gran ecuatorial y la cámara fotográfica que aquellos científicos usarían para sus investigaciones.

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Observatorio astrónomo de los ingleses en la proximidades la la Cartuja de Porta Coeli (Valencia)

La revista ilustrada Blanco y Negro, fundada por ABC en el año 1891 por Torcuao Luca de Tena y Álvarez Ossorio, publicó el acontecimiento en su anuario de 1905. J.A.P.  fotografió el observatorio en la Cartuja para la edición.

Anuario de Blanco y Negro. 1905

Anuario de la revista Blanco y Negro. 1905

La cartuja de Porta Coeli y el sanatorio para tubeculosos del doctor Moliner

La cartuja de Porta Coeli se sitúa en el término municipal de Serra (Valencia). Empezó a construirse en 1274. De aquellas fue la primera cartuja que se levantaba en el Reino de Valencia. Hoy es la cartuja más antigua existente en España, al menos el edificio, construido ex profeso para esta comunidad de monjes.

La desamortización que llevó a cabo Juan Álvarez Mendizábal en 1836 hizo que los cartujos moradores de Porta Coeli se tuvieran que exclaustrar. La expropiación fue un largo proceso histórico, económico y social para España, donde los terrenos desamortizados por el gobierno fueron unicamente los pertenecientes al clero regular, los cuales fueron subastados. Los cartujos no volverán a Porta Coeli hasta 1944.

Durante aquel tiempo la cartuja se convirtió en hospital para tuberculosos. El proyecto lo llevó a cabo el Dr. F. Moliner, que preocupado por la falta de atención sanitaria de las clases más pobres (de sus trabajos y condiciones de vida propicias al contagio), propuso la creación de granjas-sanatorios en las que se integraran a éstos para que con reposo, buena comida, aire puro y vigilancia médica se recuperasen.

Dr. Francisco Moliner Nicolás (1851-1915)

Dr. Francisco Moliner Nicolás (1851-1915)

Este valenciano obtuvo la cátedra de Patología Médica de la Universidad de Zaragoza en 1883, pasó luego por la de Obstetricia de Granada y la de de Fisiología de Valencia. Fue el Ayuntamiento de Valencia y la Real Academia de Medicina en 1890 quienes lo designaron a estudiar en Alemania contra la tuberculosis, de ahí su interés social y médico contra la llamada “enfermedad delos pobres”.

El Dr. Moliner arrendó unos terrenos pertenecientes a la Cartuja de Porta Coeli en 1898. Los estudiantes de medicina se implicaron en aquel proyecto. Fueron a Madrid para entrevistarse con María Cristina, la que fuera Reina regente, quien entregó un donativo en metálico. Tres días después de la visita, firmó un Decreto mediante el cual el sanatorio de Porta Coeli quedaba bajo su protección y la de su hijo Alfonso XIII. El 3 de marzo del mismo año, por Real Orden, fue declarado institución de beneficencia particular. También los estudiantes organizaron una colecta y una suscripción “a céntimo diario” de unos 14.000 obreros según algunas fuentes.

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Finalmente el sanatorio de Porta Coeli, futuro Hospital Dr. Moliner, fue inaugurado el 15 de julio de 1899, con una capacidad total de 14 camas. El gobierno de la nación lo declaró poco después “de utilidad pública”, sin embargo Moliner no consiguió que fuese subvencionado por el Estado.
El régimen de los enfermos era especialmente particular: de buena mañana los ingresados tomaban su copa de jerez acompañada de bizcochos y café con leche; pocas horas después tostadas con manteca, y a la hora de la comida: carnes, pescado, puré y otros alimentos. En eso consistía fundamentalmente el tratamiento: abundante comida, mucho sol y aire puro.

En 1905 ocurrieron dos hechos importantes. Relataremos unos de ellos: Moliner obtuvo la gracia de la visita del monarca Alfonso XIII. El rey visitó Valencia, de ahí en tren a Bétera, para después acercarse a Porta Coeli en coche. Visitó el hospital y prometió una ayuda financiera que nunca llegó a concretarse.

En 1908 fue detenido por orden del Gobernador Civil Pérez Moroso, acusado de “excitar a la rebelión entre los estudiantes y promover la agitación entre ellos, especialmente entre los de medicina”. Acusado de un delito de sedición por los actos promovidos en la Universidad y en el Instituto, y por la publicación de un panfleto que no fue presentado a la autorización previa del gobernador, fue condenado y perdió su cátedra.

En 1915 moría Moliner sin haber visto cumplido el sueño de que su sanatorio pasase a ser nacional, con cargo a los presupuestos del Estado, pero sus esfuerzos no fueron baldíos ya que en años sucesivos se consolidó el modelo de asistencia por él propuesto.

Dr. F. Moliner

Dr. F. Moliner

Dejó obras como:

    -La cuestión Ferran.
    -Historia de la cuestión Ferrán en España y Francia.
    -Del cólera en el estado actual de la ciencia y su tratamiento por el lavado de sangre.
    -Lecciones clínicas sobre la pulmonía infecciosa.

El actual Hospital Dr. Moliner fue construido allí a finales de los años 30.

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Actual hospital Dr. Moliner

En la actualidad se llama  Hospital Doctor Moliner, es un hospital público, perteneciente a la Agencia Valenciana de Salud. Es un Hospital de Atención a Crónicos y Larga Estancia, que presta atención especializada.

La Orden de la Cartuja durante la Guerra Civil. Persecución religiosa en 1936

Introducción.

Desde los primeros años del s. XX numerosos conflictos políticos-sociales surgieron debido al emergente  sistema capitalista. Aquellos conflictos se polarizaron y dieron paso a la confrontación bélica. España, sumida en la segregación de clases sociales,  explotó en 1936 con una Guerra Civil.

Durante aquellos violentos días, sobre todos en los primeros meses las persecuciones, el pillaje y las represalias se hicieron patentes en los dos bandos: tanto en el bando republicano, leal al gobierno democráticamente establecido, como  en el bando franquista formado por los militares rebeldes que dieron el golpe de Estado.

El bando republicano cargó contar todo símbolo católico destruyendo iglesias y represaliando a religiosos y personas afines, pues la Iglesia tomó parte activa en el conflicto aunándose al bando rebelde; este hecho quedó claramente reflejado en la Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos del mundo entero, documento que pidió Franco al cardenal primado Isidro Gomá con la idea de dignificar su causa. Fue firmado por la gran mayoría de prelados, aunque hubo varios que se negaron, entre otros por el cardenal arzobispo de Tarragona Francesc Vidal i Barraquer que había salvado su vida, éste le escribía al Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pacelli (posterior Papa Pío XII) diciendo que “creía que en aquella guerra fratricida la Iglesia no debía identificarse con ninguno de los dos bandos, sino más bien hacer obra de pacificación”.

La Orden de la Cartuja durante la Guerra Civil.

Poco he podido encontrar del tema para esta entrada, el espíritu cartujano de pacificación no quiso ahondar en este tema ni proclamar mártires a los monjes que fueron asesinados, tal y como sí se ha venido haciendo en las últimas décadas.

La mejor fuente de información nos la da el benedictino Santiago Cantera Montenegro O.S.B. en su artículo La fecundidad de la vida monástica: monjes y ermitaños mártires en España (1936-1937), del que extraigo las siguientes notas en relación a los cartujos.

En la España de 1936 sólo existían 3 cartujas habitadas: la Miraflores en Burgos que no sufrió persecución por ser la capital del bando franquista, la cartuja de Aula Dei en Zaragoza también en territorio franquista y la cartuja Montalegre en Tiana (Barcelona) que fue la única que sufrió persecución por estar ubicada en zona republicana.

Cartuja de Montalegre

Cartuja de Montalegre

Recordemos los meses previos al estallido de la Guerra Civil, la coalición de partidos de izquierdas (Frente Popular) había ganado las elecciones celebradas el 16 de febrero de 1936, se habían radicalizado las posturas. La Comunidad de cartujos en Montalegre contaba con 37 monjes (21 padres y 16 hermanos). El prior, con talante pacífico, sin temer a nada pues con nadie se habían enfrentado desde su aislada cartuja, prohibió la defensa armada en caso de asalto (recordemos que en muchos disturbios callejeros numerosas iglesias y conventos se habían incendiado desde 1909). Tampoco se preparó una fuga en caso de que fuera necesaria, nadie preveía lo que vendría después. El prior advirtió a la Comunidad que habrían de mantener la vida ordinaria y la plena observancia, eran monjes contemplativos y debían continuar con la misión a la que un día fueron llamados.

La guerra estalló el 18 de julio. El día 19 se hizo patente en todo el territorio, Barcelona quedaba en manos de la República. En la cartuja de Montalegre se celebró la misa matutina Pro tempore belli (para el tiempo de guerra) y se informó a la Comunidad de la situación del estado. Las únicas medidas que se adoptaron fueron que la campana no sonase y se suspendió el paseo de recreo semanal de los monjes.

Antigua iglesia de la cartuja de Montalegre

Antigua iglesia de la cartuja de Montalegre

El día 20 de julio de 1936 las turbas incendiaron la iglesia del pueblo de Tiana. Se informó a los cartujos del inminente asalto. El prior ordenó a los monjes vestirse de paisano y afeitarse la tonsura, así como las barbas a los hermanos, quedando en su mayoría mal disfrazados según apunta el referido autor. Los monjes más jóvenes, junto con el sacristán y el procurador intentaron salvar los objetos de culto y negociando para que no se quemase la cartuja. Mientras el resto de la Comunidad intentaba huir.

A las 18 horas empezó el asalto por parte de anarquistas (CNT-FAI) y de la Esquerra Republicana Catalunya; al mando un mallorquín apodado el Badaloní.  Se había difundido incluso por la radio que los cartujos estaban pertrechados con armas y que refugiaban a un antiguo oficial ruso zarista. Todo mentira, no hubo resistencia alguna como era de imaginar por parte de los cartujos.

El Badaloní, hombre de buen corazón, quiso llevarles a Badalona para salvarles la vida y que no fueran allí asesinados. Cinco pudieron huir (uno de ellos después de ser hecho prisionero) y los cuatro más débiles y enfermos quedaron allí, los veintiocho restantes fueron conducido andando a Badalona.

Los primeros en sufrir la furia fueron el prior y el procurador que fueron subidos a un coche para ser bajador al poco y allí, en la misma cuneta, tiroteados.  El procurador fue asesinado, mientras que el prior quedó herido e inmóvil hasta que la Cruz Roja le recogió.

El resto caminaba entre insultos y amenazas, pasando al lado de los cuerpos de sus compañeros. Mientras se confortaban, rezaban y se daban la absolución. Al poco, el mismo coche recogió a otros dos: al vicario y al antiquior; fueron asesinados de la misma manera. según el testimonio de un superviviente: “la visión de la eternidad que se abría ante nuestros ojos nos hacía olvidar los que, a pesar de su malicia, son instrumentos de la amorosa Providencia que utiliza su odio diabólico para llevar a cabo sus altísimos designios; […] nos tenía indiferentes la actitud de nuestros verdugos mientras podíamos continuar con religioso recogimiento, como pudiéramos hacerlo en un insólito paso nocturno. La elevación de nuestras almas se hacía insoportable a  nuestros enemigos” y éstos aumentaron su trato cruel sobre las víctimas.

El coche montó a un monje y a un sacerdote secular. Los fusilaron. Volvieron a por otros dos, pero entonces el Badaloní se impuso y no les dejo.

Los últimos 4 km. hasta Badalona fueron los peores, ya que al llegar al cementerio los fusieron en formación para ser fusilados en sus tapias, para luego continuar andando. La entrada a Badalona fue en autobús a fin de que el pueblo creyese que así habían sido trasladados. Gracias al Badaloní, al alcalde y al Sr. Mora fueron salvados de una masa vecinal enfurecida y conducidos al Ayuntamiento. Estos tres indicaron que se les diera buen trato  que se alojasen con familias de la población (a riesgos de estos).

Siete días después, el 27 de julio, varios cartujos pudieron llegar a varios consulados y salir de España, para finalmente llegar a otras cartujas europeas. El resto permaneció en Barcelona, corriendo gran riesgo, como le ocurrió el 5 de agosto al hermano Guillermo, y a otros tres padres el 25 de octubre, sin que se encontrasen sus cuerpos nunca.

En total fueron 6 los cartujos que sufrieron muerte en aquellos días donde el odio fue el gran protagonista: el procurador Dom Celestín Fumet, Dom Isidoro Pérez el 20 de julio al ser trasladado a Badaona, Fr. Guillermo Soldevilla, los PP. Dom Luis Cierco, Dom Miguel Dalmau (vicario) y Dom Benigno Martínez (antiquior).

Cartujo en Montalegre

Cartujo en Montalegre