San Hugo y el Día Internacional del Alzheimer

El 21 de septiembre se celebra el Día Internacional del Alzheimer. San Hugo de Grenoble, obispo que ayudara a fundar en su diócesis la Orden cediendo los yermos terrenos de la Cartuja a San Bruno y sus seis compañeros, también sufrió esta enfermedad antes de su muerte.

Murió cuando le faltaban dos meses para los 80 años. Algún tiempo atrás lo olvidó todo, su memoria se apagó fruto de la demencia senil (alzheimer). Tan sólo recordaba salmos y el padrenuestro.

San Hugo pasó el último periodo de su vida recitando el salterio y repitiendo padrenuestros, es decir rezando en su propia soledad, lo que él siempre anheló y en parte no pudo hacer debido a la responsabilidad de su cargo.

San Hugo, obispo

San Hugo, obispo

Sufrió muchos achaques de salud a lo largo de su vida, pero siempre supo llevarlos como verdaderos “regalos de Dios”. Trastornos gástricos que le producían dolores y le impedían digerir los alimentos. Un dolor de cabeza continuo por más de 40 años (que no lo sabían sino su médico y su director espiritual y que nadie podía sospechar porque su semblante era siempre alegre y de buen humor). Los malos pensamientos que  rodearon toda su vida haciéndolo sufrir muchísimo, pero sin lograr que los consintiera; y al final de su vida la artritis que le producía dolores inmensos y continuos pero nadie se daba cuenta porque sabía colocar una muralla de sonrisas.

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El sueño de San Hugo

San Hugo, obispo de Grenoble (Francia), fue discípulo del Padre fundador de la Orden: San Bruno.

San Hugo (a la izquierda) como co-fundador de la Orden

El obispo San Hugo  (a la izquierda) porta una iglesia como símbolo de co-fundador de la Orden

Hugo nació en Châteauneuf-sur-Isère hacia el año 1053. Estudió en Rrims, al noreste de Francia, allí conoció a San Bruno como profesor suyo. Con el paso del tiempo fue nombrado canónigo de Valence y después obispo de Grenoble entre los años 1080 y 1132, hasta que muriese con 79 años tal día como hoy, 1 de abril.

La vida de San Hugo siempre está asociada a la Orden de la Cartuja. Fue en el año 1084 cuando recibió a San Bruno con sus seis compañeros en su diócesis con la intención de retirarse del mundo. Aquellos siete monjes fundarían la Orden, cuyo fin principal sería la alabar a Dios en la soledad: la contemplación.

Cuenta la leyenda que San Hugo tuvo un sueño premonitorio de aquella visita. Soñó que siete estrellas en el firmamento (símbolo iconográfico muy habitual en la Orden), que representaban a los siete hombres que buscaban la soledad alpestre. Hugo los condujo por un laberinto de montañas escarpadas de su diócesis, hasta un desierto de rocas y de pinos, llamado Chartreuse (Cartuja). Ahí, construyeron cabañas de madera y un oratorio de piedra. Un pobre refugio de donde nació la Grande Chartreuse (Gran Cartuja). Desde hace unos 9 siglos, en ese mismo lugar, la Orden sigue viva iluminando el cielo como aquellas siete estrellas lo hicieran en el sueño de San Hugo.

San Hugo duerme junto a su mitra de obispo. Su sueño: siete estrella en el cielo

San Hugo duerme junto a su mitra de obispo. Su sueño: siete estrella en el cielo (pintura de Vicente Carducho)

Así fue como Hugo ayudó a fundar la comunidad eremítica de la Cartuja en aquellos parajes yermos e inhóspitos. Desde entonces éste siempre se asociaría al orden, representado con los hábitos episcopales y por debajo su casulla blanca.

Tras su muerte fue canonizado rápidamente, tan sólo dos años después de su muerte. Fue el 22 de abril de 1134 por el Papa Inocencio II.

Dibujos del s. XV sobre la fundación de la Cartuja: el sueño, la llegada de San Bruno y sus compañeros, la elección del lugar y la fundación (A Carthusian miscellany of poems, chronicles, and treatises... British Library)

Dibujos del s. XV sobre la fundación de la Cartuja: el sueño, la llegada de San Bruno y sus compañeros, la elección del lugar y la fundación (A Carthusian miscellany of poems, chronicles, and treatises… British Library)

Iconografía de San Bruno: la rama de olivo y el salmo 52 (51)

Una de las muestras más antiguas de la iconografía de San Bruno, fundador de la Orden de la Cartuja, es la que muestra al santo con una  la rama de olivo. Otros de los símbolos que porta en mucha de su iconografía es una cruz arborescente, símbolo de fe y de penitencia, ante ella  la contempla extasiado; algunos autores la asocian a ramas de olivo también.

Según la autora López Campuzano, la imagen más antigua de San Bruno portando este símbolo se encuentra entre las xilografías de Woensanu para los libros  Sancti Brunonis y Sermtí di Luneto Brunote, escritos en 1516 por el prior Dom Petras Blomevenna (cartuja de Santa Bárbara de Colonia).

Además de la rama de olivo lleva un libro abierto en donde se lee parte del salmo 52 (51). La autora comenta: «debe entenderse como la presencia de San Bruno en la Iglesia, dando permanentemente frutos de santidad por sí y por medio de su Orden».

  «Ego sicvt oliva frvctifera in domo dei»

(Yo seré como olivo fructífero en la casa de Dios)

(Ps. 52, 10)

Vita Sancti Brunomis (1516). Xilografía de Woensam. Una de las representaciones más antiguas conocidas de San Bruno (porta una rama de olivo)

Vita Sancti Brunomis (1516). Xilografía de Woensam. Una de las representaciones más antiguas conocidas de San Bruno (porta una rama de olivo)

Ayer se inauguraba la cuaresma, tiempo de penitencia y preparación para pasión y muerte de Cristo y su resurrección, verdadera razón de la fe católica, en donde se asienta sus cimientos.

Meditemos el salmo 52: El amor de Dios dura por siempre

Del maestro de coro. Poema de David.
Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl, diciéndole: “David ha entrado en casa de Ajimélec”.

¿Por qué te jactas de tu malicia,
hombre prepotente y sin piedad?

Estás todo el día tramando maldades,
tu lengua es como navaja afilada,
y no haces más que engañar.

Prefieres el mal al bien,
la mentira a la verdad;

Amas las palabras hirientes,
¡lengua mentirosa!

Por eso Dios te derribará,
te destruirá para siempre,
te arrojará de tu carpa,
te arrancará de la tierra de los vivientes.

Al ver esto, los justos sentirán temor
y se reirán de él, diciendo:

“Este es el hombre
que no puso su refugio en Dios,
sino que confió en sus muchas riquezas
y se envalentonó por su maldad”.

Yo, en cambio, como un olivo frondoso
en la Casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia del Señor.

Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles.

López Campuzano, Julia. Aportaciones a la iconografía de San Bruno.

Santa Rosalina de Villeneuve. Monja cartuja

Hoy 17 de enero la Orden de la Cartuja celebra la festividad de Santa Rosalina (Roselina) de Villeneuve, virgen y monja de la Orden canonizada por el Papa Pío IX en 1851.

Santa  Rosalina, monja cartuja

Santa Rosalina, monja cartuja

Si son pocos los santos que la Orden proclama, en proporción son menos las monjas que llegan a la canonización. Además, en este caso concreto, la festividad de santa Roselina queda en parte eclipsada por la celebración de san Antón Abad.

Nació en el seno de una noble familia de la Provenza francesa el 27 de enero del año 1263; su padre fue el Barón Arnaldo des Arcs y de Trans y su madre Sibilla de Sabran. En el castillo familiar fue donde nació la santa (Château d’Arcs). Tuvo que vencer la tenaz oposición de sus padres para poder consagrarse a Dios.

Educada con las clarisas, encontró su vocación en la Orden de la Cartuja. Unas fuentes hablan de 15, otras de 16… y las menos de 25 años cuando ingresó en el convento de Bertrand. Por sus virtudes fue priora del convento cartujo de Calle-Roubaud en Fréjus, también en la Provenza (entre Marsella y Niza), 12 años después.

Convento

Convento Calle-Roubaud, cartuja de 1260 a 1499. A partir de 1504 perteneció la Orden franciscana

Hizo el noviciado y profesó en la Navidad de 1280, con 17 años. Al profesar, hizo el voto de estabilidad por lo que debía quedar en los Alpes (voto que, en las órdenes monásticas, obliga a permanecer siempre en el monasterio donde se profesa, sin cambiar a otro). Pero su padre influyó y el General de la Orden la envió a Celle-Rouband, junto a su tía, para que su presencia allí ayudara en la influencia de la corte Provenzal, así como asistir a su tía, la abadesa, con vistas a sustituirla algún día.

En 1288 profesó solemnemente, recibiendo la consagración de las vírgenes y el orden del diaconado por el obispo de Fréjus. Vivió una vida de silencio, oración y penitencia, lamentando siempre tener que interrumpirla por asuntos ajenos al monasterio, trifulcas de la diócesis, de la corte… Tuvo el don de almas, por lo que conocía el estado de cada alma que se le acercaba

Rara imagen de la santa revestida con estola y manípulo por su diaconado

Además de las rosas en su regazo… es una rara talla, pues su hábito cartujo está decorado con más rosas y la santa aparece revestida con estola y manípulo por su diaconado, difícil de ver en una imagen femenina

Se caracterizó por sus ayunos, austeridad y abnegación. Se cuenta que alguna vez pasó una semana sin probar alimento, que se castigaba con durísimas disciplinas, y que jamás dormía más de 3 o 4 horas seguidas.

Cuando se preguntaba a Roselina cuál era el medio más seguro para ganar el cielo, replicaba: “El conocimiento de sí mismo”. La santa tenía frecuentes visiones y éxtasis, y poseía un don extraordinario para leer en los corazones.

Los biógrafos cuentan un relato compartido con Santa Rosa de Viterbo. Un día de su juventud, al llevar pan para los pobres, fue sorprendida por su padre quien le preguntó qué es lo que escondía en los pliegues de la ropa, ella respondió que flores y flores se convirtieron cuando su padre exigió verlas. En este trance es como la iconografía más popular la representa desde antiguo.

En 1329, presintiendo su muerte, pidió ser relevada del cargo para dedicarse al encuentro con Dios. El 17 de enero de 1329 hizo una recomendación a sus religiosas, confesó sus faltas y recibió los sacramentos. Sus últimas palabras fueron: “Adiós, me voy a mi Creador”. Se dice que en el momento de su muerte vinieron la Virgen María con el Niño Jesús, San Bruno, San Hugo de Lincoln y San Hugo de Grenoble a recibir su alma.

Santa Rosalina de Villanueva

Santa Rosalina de Villanueva

Su cuerpo permaneció incorrupto. Fue enterrada en el cementerio común del convento; durante su entierro público muchos enfermos recobraron la salud. Cinco años después, en 1334, el Papa  Juan XXII ordenó la exhumación del cuerpo, con vistas a un proceso de canonización; fue el hermano de la santa, Hélion de Villanueva, a la sazón obispo de Dihne quien sacó el cuerpo que apareció incorrupto. Se certificó una vez más la incorrupción de su cuerpo y el clérigo ordenó que se depositase en un relicario en la iglesia que él construyera, pues fue un gran benefactor del convento. En 1644 o 1657 se atestigua nuevamente que sigue incorrupto y que los ojos no han perdido nada su brillo; fue el Abad de Villanueva, pariente de la Santa, quien encontró los restos, los identificó y los colocó en una caja de madera para la veneración pública. En 1835 fue puesta en una de mármol. Nunca se abrió proceso ni fue canonizada oficialmente, pero fue tenida como santa desde siempre. En 1851 su culto fue confirmado, autorizándose el culto oficialmente para su diócesis y su monasterio fijando la fiesta el 17 de enero. En 1857 el culto se amplió a toda la Orden Cartuja, que estableció la fiesta el 16 de octubre. En 1863 se puso como solemnidad, pero sólo para las monjas. En 1894, fue puesta en una nueva caja de cristal, embalsamando antes el cuerpo, que se hallaba en mal estado. Luego, ya en 1904 para evitar que su cuerpo sufriera mayor descomposición debido a las larvas presentes ya en el viejo relicario, los médicos que participaron pudieron ver las venas, músculos, tendones, intestinos, el pericardio y casi todo el cerebro intactos. Algunas de estas reliquias fueron entregadas a la Gran Cartuja para ser distribuidas, conservadas y veneradas entre los monasterios de la Orden.

Altar de la Capilla Santa Rosalina en Francia

Altar de la Capilla Santa Rosalina en Francia. Con su imagen en primer plano

En la actualidad sus restos reposan en una capilla dedicada a ella en Celle-Roubad. Sus ojos están en un relicario, que incorruptos  aún brillan. Por eso se invoca a la santa contra enfermedades oculares.

Restos de la santa expuestos para su veneración

Restos de la santa expuestos para su veneración

Relicario con sus ojos

Relicario con sus ojos

Las fotos de sus relíquias fueron extraidad de la WEB  Cartusilover

Santos y beatos cartujos. Enero

mariamodeloymadredelos cartujos

ENERO

El día 3 de enero se celebra San Airaldo de Maurienne, monje cartujo de Potes (Francia) y obispo de Maurienne. Falleció en el año 1165.

El día 14 se celebra la festividad del Beato Odón de Novara, monje y presbítero cartujo. Murió el 14 de enero del año 1200, contando aproximadamente con unos cien años.

Y el día 17 de enero se celebra la festibidad de la religiosa de la Orden de la Cartuja, Santa Rosalina de Celle-Roubaud. Murió en 1319.

LAUDABILITER VIXIT

 

Beato Guillermo de Fenol – 16 de diciembre

Hoy 16 de diciembre se celebra la festividad del beato cartujo Guillermo de Fenouil. Festividad confirmada por decreto del Papa Pío IX en 1862, documento que ratificaba el culto inmemorial a la figura de este humilde monje cartujo. En el Capítulo General de la Orden de 1863 se fijó la fecha del 19 de diciembre para su festividad, pasando tras la renovación litúrgica al 16 del mismo.

Nació en Italia, posiblemente en Garessio hacia 1065, y murió alrededor del año 1120 en la Cartuja de Valcasotto, cuando éste tendría alrededor de los 60 años.

Beato Guillermo de Fenol resando el rosario, según iconografía de la Cartuja de Milán. Tiene la cogulla más corta como hermano doano que fuera y la pata de la mula, símbolo de un milagro.

Beato Guillermo de Fenol rezando el rosario, según iconografía de la Cartuja de Milán. Tiene la cogulla más corta como hermano converso que fuera y la pata de una mula, símbolo de un milagro que él hiciera en vida.

La hagiografía de este beato mezcla realidad con posibles hechos fantásticos. Las biografías más destacadas y con una sólida base histórica relatan que a temprana edad se retiró en busca de soledad, encontrando su sitio junto a una fuente en las montañas del Piamonte; ésta aún conserva su nombre: “la fuente del beato Guillermo”.

Allí pasó los años en profunda meditación, viviendo plenamente el desierto que voluntariamente había escogido con el único fin de la unión mística de su alma con Dios.

Su fama de mortificación crecía… y como era visitado y tentado, decidió pedir admisión en la cercana Cartuja de Valcasotto como converso. Fue admitido inmediatamente, así fue como Guillermo se hizo cartujo, destacando por su humildad y la “santa obediencia” que profesó durante toda su vida de manera estricta a la Regla de la Orden.

Entre los milagros que vivió, cuenta Donarlo que estando en oración, llorando ante el crucifico en profunda aflicción por la Pasión de Cristo, el Señor le habló.

Más fabuloso es el milagro que el imaginario popular relata en lo referente a él y a la mula con la se valía para pedir limosna, ya que era el encargado de la comida de la cartuja y tenía que ir a pedir alimentos. Se cuenta  que este monje quitaba y ponía la pata de la mula según sus necesidades, sin que el animal se quejase o se lastimase; todo ello en parte para explicar o ratificar la obediencia al prior, ya que al parecer Guillermo era asaltado numerosas veces por ladrones valiéndose de la bondad de éste y así robarle la comida conseguida, lo que provocó en él quejarse al Prior quien le invitó a defenderse “incluso con la pata de la mula”. Así lo hizo en el siguiente asalto, profesando santa obediencia a su prior, y como si de un garrote se tratase utilizó la pata del animal. Guillermo después del asalto puso  la pata en su lugar y se volvió a la Cartuja, pero en la prisa la colocó boca abajo según la leyenda, de modo que la mula cojeba lamentablemente. El prior se dio cuenta a su llegada, y para verificar qué había de cierto en lo que se contaba de los prodigios de Guillermo le regañó por su descuido y le ordenó que pusiera la pata como debía ser, y así, delante del prior y de los hermanos, tras pedir disculpas por su error, quitó con toda naturalidad de nuevo la pata y la colocó correctamente. En la Cartuja de Pavia se le llamaba en broma el «santo del jamón». Casi en toda su iconografía, ya sea antigua o moderna, lleva esta pata como atributo reconocible.

Beato Guillermo, iconografía donde se aprecia la mula

Beato Guillermo, iconografía donde se aprecia la mula y la pata en su mano

Allí murió y fue enterrado. El pueblo al enterarse de la muerte de este afamado cartujo empezó a visitar el enterramiento con fama de milagroso. Los hermanos, para preservar el recogimiento cartujano,  trasladaron su cuerpo incorrupto al cementerio de “arriba” dentro de la misma cartuja, pero al día siguiente aparecieron sus restos en su primera sepultura, así por tres veces, y allí se quedó para que los fieles lo venerasen.

Durante los siglos siguientes numerosos altares se levantaron en su honor, atestiguados por la gran cantidad de donaciones y exvotos que surgieron a su nombre, como así lo atestigua un regalo-exvoto de 1224.

El Papa Pío V, santo a la poste, ya en el siglo XVI le dio el título de “bienaventurado”.

Su cuerpo, milagrosamente conservado incorrupto durante tres siglos, fue escondido en plena era napoleónica por temor a una profanación, tan bien guardado que nunca más se volvió a encontrar.

El Papa Pío IX en 1862, como se ha dicho anteriormente, confirmó el culto.

ORACIÓN

Oh Dios, que enalteces a los humildes;

servirte a Ti es reinar; concédenos imitar

la sencillez del beato Guillermo, para

alcanzar el reino prometido a los pequeños.

Por Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

Antigua imagen del santo, de estilo medieval

Antigua imagen del santo, de estilo medieval, también con la pata de la mula

Bibliografía de referencia: MAYO ESCUDERO, Juan. Santos y beatos de la Cartuja. Puerto de Sta. María: [el aautor], 2000. ISBN 3-901995-24-2.